viernes, 19 de diciembre de 2014

Sin ser tan fácil. Siendo tan rápido.


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Hay quien habla de adicciones pasadas 
hay quien habla de pasados adictivos.

Este cigarro también ha caído, como los demás, se está consumiendo. He aspirado tan fuerte cada calada que, sin apenas notarlo, se hace ceniza cada vez más rápido. Pero me doy cuenta, tal vez demasiado tarde, porque ya ha penetrado en mis pulmones, porque ya se me ha escapado de las manos, porque, casi involuntariamente, dejo que mi pie baile sobre él. Y ya está. Se acabó. Se junta con el resto de colillas del suelo. Lo pierdo. Ignoro cuál era el mío. Desconocidos.
Así de fácil. Así de rápido. Así como nosotros.
Nos estamos enfriando, nos estamos dejando. Aunque aún sigue tu gusto paseando por mis pulmones. Intuyo que el mío también deambula por los tuyos. O tal vez ya me hayas exhalado.
Nosotros también hemos caído, nos hemos consumido. Ambos lo sabemos. No sé si mi olvido ha bailado sobre ti o ha sido el tuyo el que ha bailado sobre mí. Quizás los dos nos hemos bailado. Nos hemos abandonado entre el resto de personas. Nos hemos perdido. Desconocidos.

Así de fácil parece. Así de rápido ha sido.
Lo he dejado. Una adicción menos. Me creo fuerte. Me reblandezco. Busco entre los ceniceros restos que poder volver a usar. Como quien no pude vivir sin él. Recojo las cenizas del suelo intentando juntarlas. Pero se vuelan. Se van. 
Así de fácil. Así de rápido. He recaído, como contigo.
Te olvidé. Me creí fuerte. Te desolvidé y quise hacerme fuerte. Busqué tu sabor en restos de otras bocas. Como quien no puede vivir sin ti. Intento reconstruirte en recuerdos. Pero se vuelan. Te vas.
Así nos terminamos. Como quien tira una colilla. Como nuestros olvidos bailando. Con recaídas, tal vez sólo mías, tal vez nuestras. Creyéndonos fuertes. Actuando siempre como reconocidos desconocidos. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

17 de Diciembre

17 de Diciembre, último mes del año, aquí estoy, teniendo pendientes los propósitos que hace 11 meses me marqué. Parece que la entrada de este año hubiese sido prácticamente hace un par de semanas, aunque entre este espacio de tiempo hayan ocurrido cientos de cosas y me hayan modelado como persona, haciéndome diferente de aquel que algún día fui. Todo suena muy bonito. ¿No? Es lo que tiene la palabra, pero no más lejos de la realidad, menudo año de mierda. Triste dosis de realismo que me hace pensar quién soy, y quién quiero ser. Seguramente me encuentre en el mismo sitio donde me situaba hace un año, pensándolo de esta manera, encuentro un aspecto bastante negativo, he perdido un año. Sin embargo, no todo debe de ser tan malo, existe gente feliz que encuentra el lado positivo de la vida, el lado positiva de las cosas. ¡Voy a hacerlo yo! Al fin y al cabo, he conocido a grandes personas, he forjado amistades que se quedaron a medias, he hecho cosas que nadie más ha podido hacer, y lo más importante, he aprendido a no hacer lo que la gente espera de mí, sino aquello que me haga feliz. Pensándolo bien, quizás no haya sido tan mal año, dejémoslo en un año “extraño”. Aun así, no me libro de reprocharme que no haya cumplido mis principales objetivos, aun habiendo conseguidos otros tantos de rebote, pero bueno, el paso de los años nos va haciendo más sabios, y aunque mi cabeza me diga que el 2015 será igual, mi corazón me indica que cambiará, que el paso de los días conseguirá sacar mi mejor versión y que lo de un día no fue, por fin lo será…

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Es un día gris

Como cada día, nos despertamos para representar la eterna función, la función del nunca acabar. Nos colocamos nuestras caretas, ocultamos nuestro verdadero rostro. Todo es mero teatro, la obra de nuestra vida. Y quien mejor para vivirla sino nosotros.


Es lunes. Creo que no existe mejor palabra para un día como hoy en una ciudad como esta. Es un día gris, es un día de dolor de cabeza. Un día triste en el que tu única compañía es la cama, la sabana y una blanca almohada. Las gomas dulces nos acompañan en los mejores momentos, endulzando un pequeño trozo de tiempo. La lluvia cae, suena muy fuerte sobre los capós, y se electrifica con el viento. Electricidad. Eso es lo que le faltaba a un día como hoy. Un rayo, una luz que parte el cielo en dos. Y más de un alma. Es lunes

sábado, 15 de noviembre de 2014

Inventario

Hoy he estado reordenando aquel triste escritorio que se quedó sumido en polvo; historias carentes de vida y alguna carta que nunca tuve valor de enviar. He vuelto a tocar las plumas que le daban alas al papel, a ver las fotografías de meros recuerdos.
He ordenado el cajón de mis sentimientos. Cada trocito de aquel pequeño lugar guardaba cientos de secretos, cientos de escritos que guardaban una parte de mí, de mi vida. Y he decidido tirarlo todo por el balcón del ático; deshacerme de todas las cuerdas que trataban de censurarme, hacer un hueco a lo que esta por venir y dejar de soñar patrones prediseñados. He tirado la tinta por las paredes, esperando a que mi musa se dibujara en ellas y he decidido que aquel santuario convertido en vitrina por miedo a olvidar, sea sólo un rincón de libertad. Volver de nuevo al blanco, al tacto rugoso de la dicha. A tomar pinceles de letras, a encadenar mil palabras. Ponerle punto final a otra historia

viernes, 31 de octubre de 2014

Demasiado fugaces son las estrellas

Hay quien dice que el punto final sólo lo pone la muerte,
yo, en cambio, digo que ése sólo lo pone el olvido.

Y decían que mala hierba nunca muere. Consuelos de tontos me abordan: murió como quería, en el campo: al menos no sufrió... Y más retahílas que no sirven de nada cuando, yo, cegada por mi egoísmo sólo sé que ya no está. Pero, esta vez, no me regodeo de mi dolor; lo acallo, me convenzo de que así duele menos y ese "ley de vida" duerme todos los dolores que rondaban mi cabeza.

-Demasiado fugaces son las estrellas- pienso tumbada sobre el "prao". Me inunda el olor a humedad y eucalipto y dejo que ese sea el motivo de mi felicidad, ese descanso que regalo a mi mente. El cantar de los gallos y algún mugido son los únicos sonidos que logran hacerse un instantáneo hueco en mi cabeza. Olvidada del reloj, del bullicio y de los sentimientos, permanezco ahí, casi inmóvil. Dejo que me venza el peso de los párpados.
Abro los ojos quién sabe cuándo, apenas me acuerdo o apenas quiero acordarme del motivo que me impulsó a huir y siento una contentible felicidad. Rectifico, siento una maravillosa felicidad cuando recuerdo que, los lugares se hacen importantes por las personas que estuvieron ahí, por los momentos vividos o por lo que te hayan hecho sentir. Por suerte, en aquel lugar se unieron los tres junto con tus lecciones de vida "pero fía, ye que hay que trabayar hasta que unu pueda" (pero hija, hay que trabajar hasta que uno pueda) y frases que prefiero, egoístamente, quedármelas. Y, volviendo a mis primeras palabras; es cierto, mala hierba nunca muere porque no abandonarás mi pensamiento.



"Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,  
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."

jueves, 23 de octubre de 2014

Sur

Veintitrés. Los números también esconden todo tipo de lírica y secretos. Historias. Desde Vidas en Metamorfosis queremos felicitar a uno de nuestros puntos cardinales. Los cumpleaños tienden a ser monótonamente especiales y más si se suman en una mayoría de edad. Probablemente no estaríamos aquí ahora si no fuese por su entusiasmo, por sus ganas de vivir y de decir que 'la vida es un poquito más vida con la literatura'. Probablemente nunca habríamos completado los cuatro puntos cardinales sino fuese por ella. Dieciocho, si, dieciocho años han pasado, los cuales guardan tras ellos cientos de historias, unas mejores, otras peores, que finalmente te han llevado a estar ahí y ser quien eres. Gracias por estar con nosotros tanto en los buenos como en los malos momentos. Gracias por dejar de lado las falsedades y mostrarte tal y como eres. Nos has enseñado a levantarnos, a impulsarnos cuando nos caemos. Nos has abrazado cuando nos hacías falta. Solo nos queda desearte un feliz día, que sea especial y lo disfrutes. Que lo recuerdes aunque parezca un cumpleaños más, que sea genial y lo pases bien. En definitiva, felices 18. Gracias a ti las otras tres patas no se caen.

sábado, 18 de octubre de 2014

A la tercera va la vencida.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura y se deslizan, saboreando cada curva de mi inocencia, por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso más tierno del mundo. Susurras un nombre, mi nombre, y los párpados parece que me pesan, se cierran mis ojos. Los besos siguen, tus manos se deslizan por mis brazos y me acunas desde atrás. ‘Eres preciosa’ aspiras el aroma de mi sonrisa y me vuelvo. Emprendo el vuelo. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa y la mía se hacen una. Muerdes. Me alejo y te miro. Estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo, me abrazas de nuevo.
Llega la primera lágrima y se deshace en oscuridad. Más besos, más canciones y miro dentro de mi esencia, me pierdo. Vuelven los besos y se escucha el murmullo del mar.
Encuentro una sonrisa amarga con la segunda lágrima y tu luz me envuelve de nuevo. Muerdes. Sabor dulce de otoño.

A la tercera va la vencida y el llanto pesa. Me deshago en miedo y te llega la inseguridad. Te pierdo, te alejas. Me cierro. Ya no vuelo bien. Empezamos de cero. 
                                                                                                                           Ya no estás. 

martes, 14 de octubre de 2014

Una vida más

Sus ojos no eran diferentes a los de otra persona, singularmente cansados, de color gris. Pero habían vivido cosas que ningún otro ojo había experimentado, reflejaban cansancio, resignación y en el fondo de esa dura mirada un atisbo de duda. "¿Merezco vivir así?" No obtuvo  respuesta entre el ruido de la calle, entre el tráfico y las pisadas apresuradas. Su silla es un rellano de portal, su cama trozos de cartón, su único amigo era un chucho húmedo y hambriento. La hora de la comida era  todo un reto, quizás un vecino le ofrecía algo, o quizás tuviera que acercarse a los restos que tiene enfrente.
Nosotros seguiríamos pasando de largo, indiferentes a su mirada, a su gesto cansado, a que no hablaba más que consigo mismo. Lo mirábamos con indiferencia, con pena, con repulsión, a veces ni sabíamos que estaba ahí. 
Simplemente era una persona, una vida más en este mundo, como nosotros, pero le tocó vivir de una forma más dura, de una forma menos humana. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Y me llaman

La brisa era fría, ésa era la única sensación descriptible de aquel momento. Realmente creía que su voz había sido un eco lejano, perdido en la inmensidad de un recuerdo. Pero seguía ahí. Seguía llamando a gritos, tomando la mano sin ganas, sudando a su lado en un intento de avanzar. Porque lo quería y esas ganas de estar junto a él ni nada ni nadie conseguirían que desapareciesen, era especial, era único.
Pero el frío quiso hacerse notar aún más sobre el silencio de su voz. Traté de  olvidarme, olvidarle. Prendí fuego a todas las palabras que no dijimos y dejé que las cenizas volasen.
Me despegué de la manta y me levanté, navegué por los pasillos de mi conciencia y encendí la voz de la radio, buscando en ella los recuerdos de aquel sueño agridulce, rememorando aquellos tiempos en los que no todo iba tan mal...

Sonó el timbre, mis ojos se abrieron tanto que dejaron que aquellos recuerdos me abandonaran. Enigmática, condescendiente y deseada, ahí estaba mi vida de nuevo. Le abracé con fuerza, deseando que no fuera otra vez una imagen que desaparece con las yemas de mis dedos, mientras me agarraba la mano afirmando que estaba allí conmigo.

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Indulto?


La puerta se abrió y, aun cegado por la luz, pude ver a quien sería mi verdugo. -Sal, anda, parece que hoy es tu día de suerte- dijo aquel hombre. Yo le di mis manos para que las uniera y así lo hizo.
Y me encontré ante el juez. Su expresión parecía cansada de escuchar mentira tras mentira. Sonreí y me acerqué a él dispuesto a decir la verdad.
-La vida ahí fuera no es nada fácil, ¿sabe?- comencé a decir. -Y yo soy culpable, robé, mas si lo hice fue porque aquí me aseguraban techo y un plato de comida al día. Y si robé donde más había fue porque así mi condena sería mayor. Pero no se preocupe, señor juez, que robar no fue mi primera opción. Antes de hacerlo recordé esos versos “oh poderosa muerte, que con callado pie todo lo igualas”. Mas a estas alturas pensé, ¿quién me asegura que aún no hayan comprado mi trozo de cielo? Y aquí me ve, esperando saber qué será de mí, si podré respirar con la seguridad que me otorga el saber que me espera un día más, igual al anterior, o si tendré que respirar ahí fuera, con esa duda de no saber si el aire que respiro es mío.
-¿Eso es todo?- preguntó el juez.
-Supongo que - contesté.

Tomó nota, sonrió y, mientras un policía soltaba mis esposas, afirmó: -enhorabuena, es usted libre-.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Conformismo múltiple

Otro día, la misma mierda. Aquello fue lo primero que pensé al despertar, como de costumbre, otro día más, otras 24 horas de monotonía, despertar, comer, estudiar, comer, estudiar, dormir. Sí, esa era mi vida, buscaba un cambio, pero ese cambio no aparecía y mi conformismo superaba notablemente a mis ganas de que algo fuese diferente. Cabe destacar el hecho de que me levanté con el pie izquierdo, pero mi vida se encontraba en un punto en el que las supersticiones ya no tenían cabida, básicamente, a veces pienso que me da igual todo, aunque no se hasta que punto esta afirmación es cierta. Bajé las escaleras medio dormido, con la cabeza en otro lado y los ojos prácticamente cerrados, más debido a la tristeza que al sueño que tenía. Me preparé mi café mañanero y me senté frente a aquella caja cuadrada que algunos llaman televisión, la encendí y comencé a observar las desgracias que afectaban a todo el mundo, mi atención duró apenas un par de minutos, hasta que mi cabeza volvió a perderse en la nada y las imágenes se convirtieron en borrosas visiones, las voces en ruido…
Me levanté y apagué aquel maldito aparato, o me cuentan penas, o me dicen mentiras, pensé. Apenas me quedaban unos minutos para tener que marchar y decidí tener mi momento de relax, lo necesitaba, puse aquella música que tanto me gustaba y me perdí entre aquellas palabras que inundaban mis oídos. Finalmente, salí por aquella puerta y balbuceé por segunda vez aquella cita con la que había despertado, otro día, la misma mierda, mientras tanto, aquella música seguía sonando y decía algo así como,

“En la vida hermano hay mucho más que dinero, trabajo y lágrimas, no todo va tan mal porque a veces las cosas más grandes son las más pequeñas, así que disfruta el momento sin pedir explicación, aprovecha el tiempo que el mañana puede ser peor, conserva la experiencia y no te dejes engañar, porque la verdad es que no todo va tan mal”.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Mira mejor

Sombras con luz propia se mueven a mí alrededor. Parpadeo con fuerza. Las voces son muy nítidas y me vuelven a contar la historia de siempre "¿hola? qué alegría ¿Cómo estás?" Unas manos me toman los hombros y me dan dos besos. Torpemente le respondo al beso e intento tocarle el hombro, ¿quién me había dicho que era? Me abandona y continúo caminando. Siguen moviéndose ciertas sombras, esta vez con colores diferentes, gritando de forma distinta. Tropiezo con algo bastante grande, caigo de bruces. Con las manos voy palpando el suelo, de miles de cuadraditos, el relieve se ha quedado clavado en mis manos y rodillas. Huele a polvo y a humedad, se sienten pasos, y me parece todo demasiado gris. Varias manos me ponen en pie, me sacudo y doy las gracias. Intento andar con más calma. El viento me ha puesto el pelo sobre los ojos. Acerco mis palmas y veo los arañazos del suelo. Suspiro. Con cuidado saco mis amigos cristales, me pongo mis grandes monturas y miro de nuevo. El parque está repleto de niños, de madres estresadas con un cigarrillo en la boca, de adolescentes riendo en esquinas. Hay perros corriendo y ladrando a sus dueños, o paseando tranquilamente por la hierba. Mis rodillas estaban totalmente rojas, al igual que mis codos. Con mi dedo corazón me subo las gafas, colocándolas bien. Sin querer les pego los dedos a los cristales. Una mancha en mitad del paisaje. Mis queridas compañeras, las tomo con cuidado y se resbalan. Intento mirar al suelo, no distingo nada. Vuelvo a suspirar y las piso con fuerza. No merece la pena ver tan bien, para lo que hay que ver.






martes, 9 de septiembre de 2014

"Rutina"

Hay quien vive atado al pasado,
hay quien vive sin vivir

Amaneció en el mismo lugar de siempre. Con los ojos entreabiertos miraba, asqueado, cómo le cegaba la claridad del día, de otro día. Aquel espíritu antes insaciable se encontraba tirado en la cama, abandonado por sí mismo a su suerte, carecía de fuerzas para levantarse o, al menos, de eso se había convencido. Ni hambre, ni sed, ni sueño. Impasible a todo cuanto le rodeaba había forjado su propia armadura, callo sobre callo, para mantener alejado cualquier dolor, cualquier miedo.
Como acostumbraba, ella abrió la puerta, tan puntual como siempre. Él no la miró, de sobra sabía cada peca de su nariz. Oyó algo de ruido y quiso intuir lo que hacía, pero no prestó demasiada atención; su curiosidad ya había muerto. Otra vez el desayuno a la cama, como si eso fuera a despertar sus ganas de vivir, sus ganas de estar con ella.
Pero, aquella vez, quién sabe si por un descuido o porque ella también se había cansado, el frío acero que le abrazaba sus cuatro extremidades le impidió llegar al desayuno.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Rumor

Hacía cincuenta años que no me quedaba tan quieto escuchando el rumor del mar, o quizás no era tan sólo eso lo que escuchaba sino mis propios recuerdos. Bueno, los míos y los de Víctor que miraba el mismo horizonte que yo, nostálgico y haciendo de segundo cayado para lo que el primero ya no podía soportar. Supuse que aquel día el atardecer nos acunaría en su regazo mientras el mar nos contaba los recuerdos del ayer. Tantas ideas en la mente bullendo, listas para salir y la mayoría he olvidado cómo plasmarlas. He olvidado cómo escribir. Me he hecho viejo.  Y es que hablar de las imperfecciones del cuerpo humano es como ser engullido por un abismo placentero de amargura extrema. Como conjugar las incoherencias de la mente con las de la madre naturaleza. Es como saberlo todo y no haber visto nada. Ser amante de la belleza enjuta y de la perfección desordenada, de la cólera de los más absolutos defectos.  He visto cientos de puestas de sol pero ningún amanecer. He visto crecer y marchitarse cientos de historias. He visto tantas y tantas cosas que el miedo vino por mí. Pensé ¿cómo no tener miedo de esta sociedad? Si ella está corrompida, pronto lo estaré yo. ¿Cómo no tenerle miedo a esta sociedad? Si me mintieron, si cuando intenté abrirme paso consiguieron que me replegara. Víctor me sonreía, mi niño, mi hijo. Hacía cincuenta años que no pensaba en la felicidad, que no salía de mi escondite. Pero he aprendido que vivir es un arte y que nunca es tarde para descubrir la dulzura de un silencio, para descubrir que tener miedo, forma parte del arte.

domingo, 31 de agosto de 2014

Vacío

Todo aquello que me hizo flaquear desapareció. Ni dolor, ni miedo, ni deseo; todo se había esfumado. Me había convertido en todo aquello que ellos temían, en todo aquello que no podían detener. Cualquier esperanza quedó derruida conmigo en el interior. Poseía todo lo que necesitaba para continuar latiendo, a mi nuevo ritmo.
Impasible a toda cualidad que describe a cada ser humano, lejos de sentimientos que pudieran hacerme débil me acerqué a él con paso lento pero firme. La sonrisa se dibujó en mi consciencia, autosuficiente, y la tentación buscó mi nombre. Cada paso que daba hacia él conseguía alterar más y más mi corazón ¿qué debo hacer? Me pregunté. Seguí adelante, rocé con mis dedos el cristal y lo abrí lanzándome al vacío.
Los cuatro puntos cardinales de Vidas en metamorfosis.

sábado, 23 de agosto de 2014

¿Y si es solo este momento?

¿Qué hemos cambiado de nuestros momentos? ¿Teníamos intención de conseguir algo?
Nos dejábamos la piel a trozos, con prisas de nuestras miradas.
Los momentos de intimidad se estampaban directamente contra nosotros, no hacía falta que los buscáramos.
Me gustaba que nuestras manos se rozaran. Me gustaba coger la tuya y pensar que era la mía. 
A ti te gustaba hundir tus dedos entre mi pelo, mirarme en la distancia.
Nunca escuché lo que pensabas, a veces creo que no llegó a importarme. Otras recuerdo que tú no quisiste.
Vivíamos segundos, minutos... Pero se nos hacían tan horas. Siempre acabamos midiéndonos en momentos.

Somos los recuerdos de nuestras caricias, sus sombras entre las sábanas. Fuimos la sonrisa que se perdió en aquel mes de otoño. Ese fin de semana que nunca llegó, y ese único (maldito) plan de futuro.  
Tampoco recuerdo una verdad, pero no hubo mentiras.

Hoy llueve, con alegría. Con ganas pero sin fuerza. El agua lame donde cae, acaricia los objetos que tenemos entre la oscuridad
Brilla bajo las farolas, y nos hacen sonreír. Calma el ambiente, el calor de la ausencia. 
Me recuerda a esa vez que llovió, meses atrás, tan cerca de mí. 

¿Hemos encontrado las sombras de aquello entre otras espaldas? 
¿Seguimos persiguiéndonos entre otras miradas? 
Siempre habrá otra espalda, otro lugar del que engancharse, no iremos más allá en busca del pasado.

Al menos nos quedan esos momentos, algo exhalados.

lunes, 18 de agosto de 2014

Ella o yo

Será que hay elecciones que marcan vidas,
será que hay amores que mueren cuando nacen pasiones.

 

Mi matrimonio había dejado de tener sentido el día en que mi amante me dejó. Él ya lo sabía, lo había notado, no era la misma desde que ella se fue. Todo me molestaba, nada salía a mi gusto. Sólo sabía maldecir el momento en que ella quiso poner fin a nuestra relación y casi a mi vida. Me desesperaba esperando a que llegara, a que me volviera a hacer sentir que era yo.
-O ella o yo- me dijo él un día cualquiera, -¿crees que no lo he notado?- clavó su vista en mí -sé que era ella la que hacía que siguieras conmigo, como si esto fuera una relación de tres, pero ya me he cansado de ser el segundo, de que nuestra relación, sin esa amante tuya carezca de sentido.- Suspiró, -¿no te acuerdas cuando éramos sólo dos?.
Lo interrumpí, tuve que hacerlo: -ella estaba antes de que aparecieras tú, siempre lo estuvo-.
-Me da igual, ahora te toca elegir- me miró, penetrante, a los ojos -ella o yo- repitió.
Cerré mi ordenador, me levanté, cogí un par de libretas y bolígrafos, dejé la ropa y no miré atrás.
-Me voy, ya elegí- dije -me toca a mí buscarla, no va a ser mi inspiración la que tenga que encontrarme siempre-. Y, justo antes de cerrar de un portazo dije "adiós"

jueves, 14 de agosto de 2014

Oh capitán, mi capitán.

"Sólo te han dado una pequeña chispa de locura. No debes perderla".- Robin Williams.

Las grandes almas dejan grandes vacíos. El cine se vistió de luto y los corazones dejaron de latir durante un instante de asfixia. Ternura y vida, amor, odio, historia y desesperación. Carpe diem. Realmente creemos que un buen actor se mide por lo que nos transmite, por esa sensación sobrecogedora que hace que la piel se te erice y el suspiro llegue a tus labios, por la que las lágrimas inundan tus ojos y en el pecho se ejerce esa presión tan familiarmente humana. 

Hoy quiero despedir al actor que ha sido el maestro de mi poesía, el interlocutor de mis comentarios atrevidos y el robot que me hizo sentir. Hoy quiero despedir a Robin Williams y reconocer en él que supo vivir y que me enseñó, en cada una de sus sonrisas en cámaras, a apreciar un poco más el Carpe Diem, a jugar arriesgando. 

Oh capitán, mi capitán. Las personas nunca se marchan del todo mientras alguien siga recordándolas, mientras su recuerdo perdure y su huella nunca se aleje.


Buenos días, Vietnam. 


martes, 12 de agosto de 2014

Recuerdos dormidos

Y al levantarse, como acostumbraba, leyó la nota de su mesita esperando que los vestigios de un recuerdo ya borroso llegasen a su mente. Esperando que aquel pasado se hiciera un poco presente, lanzando de nuevo la nota a la mesita.
Dejó toda su realidad de lado durante unos momentos; volvió a tumbarse en aquella vieja cama y cerró los ojos esperando a que algo pasase. Que ella decidiera volver aunque él ya casi nunca recordara su nombre, incluso que se hubiera ido. Noche sí, noche también, tratando de ponerle un rostro que jamás era el suyo. Se maldijo por no tenerla, por pensar en ella, por respirar aún su perfume, por verla a su lado aunque ya no estuviera. Se preguntaba qué era aquello que lo había condenado a ese sufrimiento, ignoró la causa de ello y desdibujó la tristeza de su rostro.
De nuevo, al levantarse, como acostumbraba, leyó la nota de su mesita. Quizás fuera el momento de hacer trizas aquel recordatorio acérrimo de su ausencia, vivir sin más. Lo agarró entre sus manos, hundiendo los dedos hasta hacerlo una bola, lo lanzó por encima de su cabeza, y se levantó.
Por enésima vez, el mundo se encontraba en sus manos, a partir de ahora podría modelar su vida tal y como él quisiera.
Y esa felicidad momentánea desapareció cuando miró otra nota que señalaba un cajón; lo abrió y encontró una fotografía tan empolvada como sus recuerdos. Pero, aquella vez, un atisbo de memoria quiso volver a él y sus labios comenzaron a moverse solos dibujando su nombre. Ése que creía que jamás volvería a pronunciar. Mamá. Ése era su hálito, su recuerdo. Su vida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Lobo de mar

Parpadeas, huele a mar. Estás callejeando con rapidez entre un gran tumulto. Los cuerpos sin rostro se chocan contigo, te pisan. Giras la cabeza de un lado a otro, buscando algo que nunca suele aparecer. Vuelves a parpadear, te paras. Observas pegada a la pared cómo la gente sigue moviéndose sin sentido, pasando como borregos. Les das la espalda, no quieres mirarlos. A los segundos te vuelves a girar. En frente, pegado contra la otra pared, una cabeza algo cana está suavemente girada. Se pone entre los labios un cigarro, y con la ayuda de sus dos manos se lo enciende. Con una de sus palmas tapa el cigarro mientras la otra mantiene el mechero. Exhala por primera vez, todo el humo sale y se descompone con el ambiente. Vuelve a llevarse el cigarro a los labios. Mira más allá de los cuerpos que se amontonan ente el ancho y largo de la calle.

Tiene una expresión muy fría, sus ojos oscuros parecen sacados del mismo océano. Su pelo fue oscuro y rebelde, ahora más blanco, dándole un aire grisáceo a su cabellera.  Sus manos son fuertes, y se ven ásperas, son unas manos trabajadas, de esas que tienen miles de historias que contar. Lleva una camiseta de manga corta, mientras todos llevamos chaquetas. Sus pantalones anchos desfiguran sus piernas, la derecha apoyándose en la pared. 

Me gustaría imaginar que es un marinero, un marinero perdido en tierra. De esos lobos de mar que se vieron obligados a no embarcar más. Sería el que mejor sabría hacer nudos dentro de la embarcación. El más silencioso, pero el que más historias tendría que contar. Enamorado de su mar, nunca querría estar en la ciudad, simplemente le bastaría con estar en el barco. Mano derecha del capitán, confidente, su seriedad haría que te pensaras dos veces si hablar con él. En las noches que echaban ancla en la costa, se sentiría obligado a salir de su fortaleza y buscar compañía entre los vasos de sus bares favoritos, siempre con un poco de hielo. Al amanecer estará siempre fuera del camarote, mirando ese poema de la naturaleza. Pero eso se acabó, se condenó a pisar la ciudad todos los días del resto de su existencia. Se condenó a beber todas las noches. A soñar de madrugada que el mar le lamía los pies, que la sal se le pegaba a las piernas, entonces sonríe entre sueños.

El humo vuelve a salir de su boca. Se le está acabando pero ya no piensa en fumar de nuevo. Yo miro a otro lado. Imaginando lo que ese hombre puede ser. Quizás no sea realmente un antiguo bucanero, y sólo es un hombre de playa, un hombre sin grandes preocupaciones que tiene una vida sencilla, que se alegra del viento o el sol que haya. O quizás no es nada de esto, quizás es otro pobre hombre de esta bella ciudad. O simplemente otro fumador de esta calle. Quizás ni siquiera estaba allí cuando yo miré.
  
El cigarrillo cayó al suelo, rebotó y las chispas se apagaron cuando entró en contacto con el agua del suelo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Seis palabras son suficientes para soñar

"For sale: baby shoes, never worm". (Se vende: zapatos de bebé, nunca usados)
En efecto, Hemingway nos demostró que seis palabras bastaban para soñar, para dejar abierta la puerta a la imaginación, a todo un mundo de porqués.
De sobra sabemos que los verdaderos microcuentos son aquellos que, con pocas palabras en su pleno sentido, te hacen pensar todas las posibles historias. A raíz de ello surge el reto de hacer, justo con seis palabras, un microcuento capaz de hacer soñar, animaos a ser parte de ese pequeño reto:

Y, bienvenidos a la isla de la excentricidad.

Los cuatro puntos cardinales de vidas en metamorfosis

jueves, 31 de julio de 2014

Sobran palabras

Hay quien dice que ojos que no ven, corazón que no siente,
otros, en cambio, sólo se acuerdan de sentir cuando dejan de ver.

El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Repetía una y otra vez que no era culpable, que la amaba, que por ella hubiera dado su vida, que sólo fue un accidente, que ya tenía bastante castigo con haberla perdido y un sin fin de retahílas que el juez escuchó medio adormilado. Y cuando al fin dictó sentencia, apresaron al joven que no tenía una lágrima más que derramar. Porque qué más le daba al juez lo que dijera si, de lo ocurrido, sólo había dos testigos y uno ya no estaba.

martes, 29 de julio de 2014

Alma

Me sabe a poco. Me sabe a poco esconderme en un rincón buceando entre las olas de las letras. Me sabe a poco que un olvido temporal se cierna sobre mí. Me sabe a poco pensar ordenadamente y no en un caos embellecedor que hace brotar todo lo incierto en ese momento preciso.


Es alma de literatura, de musicalidad y de poemas la que me libera, pero ¿qué es alma? Vuelven los sentimientos desbordados, vuelve el caos, vuelve la calma de saber que no me he perdido. Y es aquí donde empiezo a plasmar y a descubrirme. Alma, alma, alma


sábado, 26 de julio de 2014

Nunca he temido a la oscuridad, su presencia siempre me hizo compañía. Era como esa trémula segunda piel, ese segundo nombre que modelaba mi esencia. Me encontraba prácticamente solo, el frío de aquel lugar era lo único que hacía percatarme de que seguía con vida... 
Estaba agachado, con las rodillas cogidas y dejado caer sobre el áspero tronco de un árbol. Cerré los ojos. -Se acabó- dije intentando abandonar mi piel. Apreté mi puño; otro intento exasperado de cambiarlo todo, de seguir adelante.
Y fue entonces cuando caí en consciencia, ¿por qué habría de seguir aceptando cada norma, cada maldita moda que controlaba todo a mi alrededor? En ese momento me di un tiempo para pensar, tras unos segundos de silencio me pregunté: ¿realmente lo que hago en mi día a día es lo correcto? Los días pasan delante de mis ojos y he aprendido del tiempo que cada vez quedan menos opciones, que en cada cana muere una oportunidad y que el mundo cambia a una velocidad que nos va superando.
Sacudí la cabeza intentando que se disiparan todos aquellos pensamientos y me levanté lentamente; era mi momento, mi ahora o nunca, el comienzo de mi nuevo yo. Sonreí en la oscuridad, aquella que había sido mi eterna compañera se convertiría en mi escudo. Entonces, decidí caminar, me encontraba dispuesto a cambiar mi mundo, a hacer todo aquello que hasta ahora me había dado miedo a realizar por aquel "¿qué dirán los demás?". Y ya no quise huir, abandonar mi piel, el mundo era mío así, aquí y ahora.
Parpadeé un par de veces, esa forma de cambiar mi mundo la tenía yo y empezaría por ver de otra manera, cambiar mi perspectiva y encontrar aquello que me hiciese realmente feliz.
Así que ahora sí que comienza la verdadera metamorfosis de mi vida.
Los cuatro puntos cardinales de Vidas en metamorfosis

jueves, 24 de julio de 2014

Cuatro puntos cardinales

"La palabra es mitad de quien la escribe, mitad de quien la escucha" decía Michel de Montaigne.
En este caso, esa primera mitad se halla dividida en cuatro. Cuatro somos las personas que damos vida a ese cadáver exquisito. 
Somos los cuatro puntos de apoyo, los cuatro puntos cardinales... Los cuatro ejes que consiguen que las palabras tomen vida, que se levanten por sí solas y monten sus propias historias. Palabras que desean ser oídas, que se escuchen. 
"En realidad, ¿qué es un libro? Simples letras alineadas siguiendo un cierto orden sobre el papel. Poner un punto y final a un relato no basta para hacerlo existir. En casa tengo guardados los principios de algunos manuscritos que nunca han sido publicados, pero para mí son historias muertas porque nadie las ha leído nunca. Un libro sólo toma cuerpo cuando es leído." Decía Guillaume Musso y por eso queremos despertar esas historias, que tomen cuerpo con esa mitad que les falta, dando sentido a ese pacto de generosidad entre lector y escritor y haciendo que tomen vida propia todas esas historias condenadas, de otro modo, a una muerte en el silencio.
Por eso, empezamos con un "gracias por darnos vida"
Los cuatro puntos cardinales de Vidas en metamorfosis.