martes, 14 de octubre de 2014

Una vida más

Sus ojos no eran diferentes a los de otra persona, singularmente cansados, de color gris. Pero habían vivido cosas que ningún otro ojo había experimentado, reflejaban cansancio, resignación y en el fondo de esa dura mirada un atisbo de duda. "¿Merezco vivir así?" No obtuvo  respuesta entre el ruido de la calle, entre el tráfico y las pisadas apresuradas. Su silla es un rellano de portal, su cama trozos de cartón, su único amigo era un chucho húmedo y hambriento. La hora de la comida era  todo un reto, quizás un vecino le ofrecía algo, o quizás tuviera que acercarse a los restos que tiene enfrente.
Nosotros seguiríamos pasando de largo, indiferentes a su mirada, a su gesto cansado, a que no hablaba más que consigo mismo. Lo mirábamos con indiferencia, con pena, con repulsión, a veces ni sabíamos que estaba ahí. 
Simplemente era una persona, una vida más en este mundo, como nosotros, pero le tocó vivir de una forma más dura, de una forma menos humana. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario