miércoles, 8 de octubre de 2014

Y me llaman

La brisa era fría, ésa era la única sensación descriptible de aquel momento. Realmente creía que su voz había sido un eco lejano, perdido en la inmensidad de un recuerdo. Pero seguía ahí. Seguía llamando a gritos, tomando la mano sin ganas, sudando a su lado en un intento de avanzar. Porque lo quería y esas ganas de estar junto a él ni nada ni nadie conseguirían que desapareciesen, era especial, era único.
Pero el frío quiso hacerse notar aún más sobre el silencio de su voz. Traté de  olvidarme, olvidarle. Prendí fuego a todas las palabras que no dijimos y dejé que las cenizas volasen.
Me despegué de la manta y me levanté, navegué por los pasillos de mi conciencia y encendí la voz de la radio, buscando en ella los recuerdos de aquel sueño agridulce, rememorando aquellos tiempos en los que no todo iba tan mal...

Sonó el timbre, mis ojos se abrieron tanto que dejaron que aquellos recuerdos me abandonaran. Enigmática, condescendiente y deseada, ahí estaba mi vida de nuevo. Le abracé con fuerza, deseando que no fuera otra vez una imagen que desaparece con las yemas de mis dedos, mientras me agarraba la mano afirmando que estaba allí conmigo.

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