viernes, 31 de octubre de 2014

Demasiado fugaces son las estrellas

Hay quien dice que el punto final sólo lo pone la muerte,
yo, en cambio, digo que ése sólo lo pone el olvido.

Y decían que mala hierba nunca muere. Consuelos de tontos me abordan: murió como quería, en el campo: al menos no sufrió... Y más retahílas que no sirven de nada cuando, yo, cegada por mi egoísmo sólo sé que ya no está. Pero, esta vez, no me regodeo de mi dolor; lo acallo, me convenzo de que así duele menos y ese "ley de vida" duerme todos los dolores que rondaban mi cabeza.

-Demasiado fugaces son las estrellas- pienso tumbada sobre el "prao". Me inunda el olor a humedad y eucalipto y dejo que ese sea el motivo de mi felicidad, ese descanso que regalo a mi mente. El cantar de los gallos y algún mugido son los únicos sonidos que logran hacerse un instantáneo hueco en mi cabeza. Olvidada del reloj, del bullicio y de los sentimientos, permanezco ahí, casi inmóvil. Dejo que me venza el peso de los párpados.
Abro los ojos quién sabe cuándo, apenas me acuerdo o apenas quiero acordarme del motivo que me impulsó a huir y siento una contentible felicidad. Rectifico, siento una maravillosa felicidad cuando recuerdo que, los lugares se hacen importantes por las personas que estuvieron ahí, por los momentos vividos o por lo que te hayan hecho sentir. Por suerte, en aquel lugar se unieron los tres junto con tus lecciones de vida "pero fía, ye que hay que trabayar hasta que unu pueda" (pero hija, hay que trabajar hasta que uno pueda) y frases que prefiero, egoístamente, quedármelas. Y, volviendo a mis primeras palabras; es cierto, mala hierba nunca muere porque no abandonarás mi pensamiento.



"Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,  
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."

jueves, 23 de octubre de 2014

Sur

Veintitrés. Los números también esconden todo tipo de lírica y secretos. Historias. Desde Vidas en Metamorfosis queremos felicitar a uno de nuestros puntos cardinales. Los cumpleaños tienden a ser monótonamente especiales y más si se suman en una mayoría de edad. Probablemente no estaríamos aquí ahora si no fuese por su entusiasmo, por sus ganas de vivir y de decir que 'la vida es un poquito más vida con la literatura'. Probablemente nunca habríamos completado los cuatro puntos cardinales sino fuese por ella. Dieciocho, si, dieciocho años han pasado, los cuales guardan tras ellos cientos de historias, unas mejores, otras peores, que finalmente te han llevado a estar ahí y ser quien eres. Gracias por estar con nosotros tanto en los buenos como en los malos momentos. Gracias por dejar de lado las falsedades y mostrarte tal y como eres. Nos has enseñado a levantarnos, a impulsarnos cuando nos caemos. Nos has abrazado cuando nos hacías falta. Solo nos queda desearte un feliz día, que sea especial y lo disfrutes. Que lo recuerdes aunque parezca un cumpleaños más, que sea genial y lo pases bien. En definitiva, felices 18. Gracias a ti las otras tres patas no se caen.

sábado, 18 de octubre de 2014

A la tercera va la vencida.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura y se deslizan, saboreando cada curva de mi inocencia, por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso más tierno del mundo. Susurras un nombre, mi nombre, y los párpados parece que me pesan, se cierran mis ojos. Los besos siguen, tus manos se deslizan por mis brazos y me acunas desde atrás. ‘Eres preciosa’ aspiras el aroma de mi sonrisa y me vuelvo. Emprendo el vuelo. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa y la mía se hacen una. Muerdes. Me alejo y te miro. Estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo, me abrazas de nuevo.
Llega la primera lágrima y se deshace en oscuridad. Más besos, más canciones y miro dentro de mi esencia, me pierdo. Vuelven los besos y se escucha el murmullo del mar.
Encuentro una sonrisa amarga con la segunda lágrima y tu luz me envuelve de nuevo. Muerdes. Sabor dulce de otoño.

A la tercera va la vencida y el llanto pesa. Me deshago en miedo y te llega la inseguridad. Te pierdo, te alejas. Me cierro. Ya no vuelo bien. Empezamos de cero. 
                                                                                                                           Ya no estás. 

martes, 14 de octubre de 2014

Una vida más

Sus ojos no eran diferentes a los de otra persona, singularmente cansados, de color gris. Pero habían vivido cosas que ningún otro ojo había experimentado, reflejaban cansancio, resignación y en el fondo de esa dura mirada un atisbo de duda. "¿Merezco vivir así?" No obtuvo  respuesta entre el ruido de la calle, entre el tráfico y las pisadas apresuradas. Su silla es un rellano de portal, su cama trozos de cartón, su único amigo era un chucho húmedo y hambriento. La hora de la comida era  todo un reto, quizás un vecino le ofrecía algo, o quizás tuviera que acercarse a los restos que tiene enfrente.
Nosotros seguiríamos pasando de largo, indiferentes a su mirada, a su gesto cansado, a que no hablaba más que consigo mismo. Lo mirábamos con indiferencia, con pena, con repulsión, a veces ni sabíamos que estaba ahí. 
Simplemente era una persona, una vida más en este mundo, como nosotros, pero le tocó vivir de una forma más dura, de una forma menos humana. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Y me llaman

La brisa era fría, ésa era la única sensación descriptible de aquel momento. Realmente creía que su voz había sido un eco lejano, perdido en la inmensidad de un recuerdo. Pero seguía ahí. Seguía llamando a gritos, tomando la mano sin ganas, sudando a su lado en un intento de avanzar. Porque lo quería y esas ganas de estar junto a él ni nada ni nadie conseguirían que desapareciesen, era especial, era único.
Pero el frío quiso hacerse notar aún más sobre el silencio de su voz. Traté de  olvidarme, olvidarle. Prendí fuego a todas las palabras que no dijimos y dejé que las cenizas volasen.
Me despegué de la manta y me levanté, navegué por los pasillos de mi conciencia y encendí la voz de la radio, buscando en ella los recuerdos de aquel sueño agridulce, rememorando aquellos tiempos en los que no todo iba tan mal...

Sonó el timbre, mis ojos se abrieron tanto que dejaron que aquellos recuerdos me abandonaran. Enigmática, condescendiente y deseada, ahí estaba mi vida de nuevo. Le abracé con fuerza, deseando que no fuera otra vez una imagen que desaparece con las yemas de mis dedos, mientras me agarraba la mano afirmando que estaba allí conmigo.