sábado, 18 de octubre de 2014

A la tercera va la vencida.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura y se deslizan, saboreando cada curva de mi inocencia, por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso más tierno del mundo. Susurras un nombre, mi nombre, y los párpados parece que me pesan, se cierran mis ojos. Los besos siguen, tus manos se deslizan por mis brazos y me acunas desde atrás. ‘Eres preciosa’ aspiras el aroma de mi sonrisa y me vuelvo. Emprendo el vuelo. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa y la mía se hacen una. Muerdes. Me alejo y te miro. Estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo, me abrazas de nuevo.
Llega la primera lágrima y se deshace en oscuridad. Más besos, más canciones y miro dentro de mi esencia, me pierdo. Vuelven los besos y se escucha el murmullo del mar.
Encuentro una sonrisa amarga con la segunda lágrima y tu luz me envuelve de nuevo. Muerdes. Sabor dulce de otoño.

A la tercera va la vencida y el llanto pesa. Me deshago en miedo y te llega la inseguridad. Te pierdo, te alejas. Me cierro. Ya no vuelo bien. Empezamos de cero. 
                                                                                                                           Ya no estás. 

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