Tus manos trazan
círculos irregulares en mi cintura y se deslizan, saboreando cada curva de mi
inocencia, por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso más
tierno del mundo. Susurras un nombre, mi nombre, y los párpados parece que me
pesan, se cierran mis ojos. Los besos siguen, tus manos se deslizan por mis
brazos y me acunas desde atrás. ‘Eres preciosa’ aspiras el aroma de mi sonrisa
y me vuelvo. Emprendo el vuelo. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu
rostro y tu sonrisa y la mía se hacen una. Muerdes. Me alejo y te miro. Estoy
perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo, me abrazas de nuevo.
Llega la primera
lágrima y se deshace en oscuridad. Más besos, más canciones y miro dentro de mi
esencia, me pierdo. Vuelven los besos y se escucha el murmullo del mar.
Encuentro una
sonrisa amarga con la segunda lágrima y tu luz me envuelve de nuevo. Muerdes. Sabor
dulce de otoño.
A la tercera va
la vencida y el llanto pesa. Me deshago en miedo y te llega la inseguridad. Te
pierdo, te alejas. Me cierro. Ya no vuelo bien. Empezamos de cero.
Ya no estás.

No hay comentarios:
Publicar un comentario