Como cada día, nos despertamos
para representar la eterna función, la función del nunca acabar. Nos colocamos
nuestras caretas, ocultamos nuestro verdadero rostro. Todo es mero teatro, la
obra de nuestra vida. Y quien mejor para vivirla sino nosotros.
Es lunes. Creo que no existe
mejor palabra para un día como hoy en una ciudad como esta. Es un día gris, es
un día de dolor de cabeza. Un día triste en el que tu única compañía es la cama,
la sabana y una blanca almohada. Las gomas dulces nos acompañan en los mejores
momentos, endulzando un pequeño trozo de tiempo. La lluvia cae, suena muy
fuerte sobre los capós, y se electrifica con el viento. Electricidad. Eso es lo
que le faltaba a un día como hoy. Un rayo, una luz que parte el cielo en dos. Y
más de un alma. Es lunes.
