miércoles, 18 de febrero de 2015

De mirar, mirarnos

He vuelto a tropezar con el pasado
Y he pedido, en el bar de mis pecados,
Otra copa de ron (J.Sabina).

Nuestras miradas se volvieron a encontrar en aquel bar. Yo miraba mi Gin-tonic y movía el hielo aguándolo más. Tú acariciabas el borde de tu vaso, como si eso te hiciera olvidar más que tu whisky sin hielo. Y no tardamos en agachar la cabeza perdiendo las miradas, fingiendo que el tiempo había hecho mella; no nos habíamos visto desde que decidimos no volver a vernos más. Aunque no fui capaz de abandonarte del todo; seguí manteniendo mi atención en tu copa e intuyo que tú la mantuviste en la mía.
Miré a mi acompañante, tú a la tuya y pretendimos sonreír.
Hablé de cosas banales que ya no recuerdo porque mi cabeza sólo sabía conjugar los verbos en pasado, dándome esperanzas con el pretérito imperfecto. Quiero pensar que tú tampoco prestabas atención a las palabras que decía la que aquel día pretendió ocupar mi lugar.
La perfección es una pulida colección de errores. Benedetti se apoderó de mi pensamiento y quiso pasearse por todos aquellos perfectos errores tuyos, mientras simulaba acariciarlos al rozar el borde de la barra. Quise pensar que, entre cada sonrisa que le dedicabas, también recordabas mis infinitos errores. Tú y yo siempre fuimos más de aparentar fortaleza que de tenerla.
Empezó a poder olerse la tristeza de mis ojos, salada. -Pídeme otra, de lo mismo, por favor- dijimos casi a la vez. -Voy al baño mientras-.
Tú salías cuando yo pretendía entrar, o yo salía cuando eras tú quien iba a entrar, ya no lo recuerdo. Estaba demasiado concentrada en tus labios y sé que tú lo estabas en los míos, porque, en ese momento, las dos nos dejamos de tanto olvido, de tanta copa y nos miramos con los ojos cerrados mientras nos bebimos.

martes, 10 de febrero de 2015

Lo intentaré, aunque no pueda

Hoy, he decidido ser feliz. No me preguntes por qué. Sé que no estoy cuerda  y nadie me entenderá. Que será arriesgado ser feliz todo el maldito día, pero ya lo he decidido. Me levanté con los ojos más cansados  y con menos ganas de levantarme que nunca. Hoy me pesa más el cuerpo, las sábanas me hacen daño. Pero hoy he decidido ser feliz. Quizás mañana ya no lo sienta, o quizás sea la resaca del ayer lo que me haga decir esto. Pero lo voy a intentar. Qué digo, lo voy a conseguir. Voy a saborear cada vez que respire, disfrutaré de cada palpitar de mi corazón. Seré fuerte y levantaré la mano y saludaré a todos mis compañeros de celda (a los que llamamos penas). La luz que me lamerá la piel entrará por ventanas, no podré dar un paseo más allá de mi pasillo. Es blanco y limpio, y lo poco que podré ver. Pero siempre habrá una mano para ayudarme a terminar mi pequeño recorrido, no estoy tan sola como me veo. Comeré con ganas, miraré con alegría lo que me espera. Lucharé ante todo, no van a poder conmigo. Sé que he perdido, pero eso no me quita mi derecho a sentirme vencedora.  No volveré a dejarme llevar por esos fármacos. Intentaré correr, aunque no pueda. Por muy pegadas que estén mis sábanas voy a levantarme. Me da igual que mi destino esté pre-escrito, siempre puedo buscar un final alternativo.