He vuelto a tropezar con el
pasado
Y he pedido, en el bar de
mis pecados,
Otra copa de ron (J.Sabina).
Nuestras miradas se volvieron a encontrar en aquel
bar. Yo miraba mi Gin-tonic y movía el hielo aguándolo más. Tú acariciabas el
borde de tu vaso, como si eso te hiciera olvidar más que tu whisky sin hielo. Y
no tardamos en agachar la cabeza perdiendo las miradas, fingiendo que el tiempo
había hecho mella; no nos habíamos visto desde que decidimos no volver a vernos
más. Aunque no fui capaz de abandonarte del todo; seguí manteniendo mi atención
en tu copa e intuyo que tú la mantuviste en la mía.
Miré a mi acompañante, tú a la
tuya y pretendimos sonreír.
Hablé de cosas banales que ya no
recuerdo porque mi cabeza sólo sabía conjugar los verbos en pasado, dándome
esperanzas con el pretérito imperfecto. Quiero pensar que tú tampoco prestabas
atención a las palabras que decía la que aquel día pretendió ocupar mi lugar.
La perfección es una pulida colección de errores. Benedetti se
apoderó de mi pensamiento y quiso pasearse por todos aquellos perfectos errores
tuyos, mientras simulaba acariciarlos al rozar el borde de la barra. Quise
pensar que, entre cada sonrisa que le dedicabas, también recordabas mis
infinitos errores. Tú y yo siempre fuimos más de aparentar fortaleza que de
tenerla.
Empezó a poder olerse la tristeza
de mis ojos, salada. -Pídeme otra, de lo mismo, por favor- dijimos casi a la
vez. -Voy al baño mientras-.
Tú salías cuando yo pretendía
entrar, o yo salía cuando eras tú quien iba a entrar, ya no lo recuerdo. Estaba
demasiado concentrada en tus labios y sé que tú lo estabas en los míos, porque,
en ese momento, las dos nos dejamos de tanto olvido, de tanta copa y nos
miramos con los ojos cerrados mientras nos bebimos.

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