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lunes, 11 de julio de 2016

Luces

¿Cuánto pueden revelar las luces de un lugar del lugar en sí? Una luz continua, brillante y pagana que surge de la vorágine de todos los haces de neón transitorios que se acompasan con la música, o al menos el intento de ella. Son tiempos felices.
Otra luz tenue, nítida y cristalina, pura y poco abundante; con la música del silencio bien alta. Son tiempos de paz.
Una luz que emula el día, vivaz, titilante en lo que forma parte del todo de una vida nocturna. Son tiempos de prisa.
No me da tiempo. No llego. No hay tiempo, tiempo, tiempo...
Una luz rojiza a lo lejos, que se confunde con el negro extinto de la noche. Renovadora. Destructora.
Fuego.
Una sombra, recortada en el balcón, bajo la desnudez de las estrellas, me da la espalda. ¿Qué buscas más allá del horizonte? No lo dices. No hablas. No hablo.
El cigarrillo se consume despacio. Otra ínfima luz entre la bruma de mis labios. ¿Qué buscas más allá del horizonte? Tiempo quizás, luz quizás.
Fuego.

martes, 8 de marzo de 2016

Escaleras.

El tiempo lo cambia todo, nos da motivos para cambiar, nos transforma. 
Para los que siguen el blog esta entrada les va a resultar familiar y es que proviene de una idea anterior, más suave que ya subí antes (si queréis leerla está justo aquí). Son puntos de vista diferentes de unas palabras similares. Tomad esto, simplemente, como un homenaje al día de la mujer que hoy nos acompaña, que entre uno de tantos ámbitos que podría ser escogí este, que ya tuvo día propio, porque es el que más sentimos, el que más, aunque con los ojos cerrados, vemos. 

ESCALERAS.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura, se deslizan saboreando cada curva de mi inocencia por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso que creía el más tierno del mundo y susurras un nombre, mi nombre. Los parpados parece que me pesan. Se cierran mis ojos y llueve sobre mis mejillas. Los besos siguen, tus manos acogen mis brazos y se supone que me acunas desde atrás.
Eres mía
Aspiras el aroma de mi sonrisa que ya no es curva y me vuelvo. La botella emprende el vuelo, se estrella contra el suelo y los cristales se derraman cual líquido por las escaleras. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa de lobo muerde la mía. Muerdes, me alejo y te miro, estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo. Pero vuelves a sonreír, me abrazas de nuevo y parece que volvemos a empezar.
Todo se deshace en oscuridad; menos besos, menos canciones y miro dentro de mi esencia; me pierdo. ¿Dónde están los besos? ¿Dónde están las canciones? ¿Dónde está la libertad? ¿Dónde estabas? ¿Dónde estaba yo? ¿Dónde estaba que no me daba cuenta donde iba? ¿Dónde estaba que no sabía que no me lo merecía?
Vuelven los besos, vuelven las canciones y escucho el murmullo del mar. Encuentro una sonrisa amarga con las siguientes lágrimas y se supone que tu luz me envuelve, que hemos pasado página, que ya se acabó porque dijiste que ibas a cambiar. Agrio sabor a invierno.
A la tercera va la vencida dicen. Me deshago en miedo, tu mano se acerca, se aferra, me aferra, el color violáceo de mi piel se extiende por los brazos, por el pecho por la mejilla. Me preguntan; fueron las escaleras, dije; resbalé, dije; me caí en el baño, dije. Y no fue así, eras tú. Que porqué no lo vi venir, dijeron; que porqué no me dejé ayudar, dijeron; que porqué nadie lo vio; porqué nadie preguntó, por qué todos cerraron los ojos y se perdieron ¿Por qué me perdí?
Te miro a los ojos, la botella sigue en el suelo, cristalizada, con el carmín que se derrama, como yo, por las escaleras. Aprieto los puños, por un instante fugaz parece que dejo de tener miedo y tus ojos ebrios al fin, parece que me ven, al fin, parecen saber que existe un yo, que las muñecas de porcelana se extinguieron, al fin ya no estás. Ya no estoy. Y tú, tú, como la botella de vino barato que consumías, te caíste por las escaleras

martes, 9 de junio de 2015

Dicen

Es lo único que debería importarnos; el miedo.

Siempre había escuchado que para quién tiene miedo todo son ruidos. Vivía en una sociedad donde el silencio quedaba ahogado por las mentiras, donde se olvidaba fácilmente la belleza de un instante ante el avance tecnológico de lo absurdo ¿qué ocurría entonces? ¿era la sociedad la que trataba de infundirles el miedo?
Siempre había amado la mar. Cada poro de su piel reaccionaba con el aire salino que trataba de apropiarse de la arena. El agua comenzaba a cubrir las rocas de la cueva, marea alta. Pronto anochecería. Le parecía sobrecogedor el efecto que tenía la luna sobre sus miedos. 
El frío comenzaba a morderle la piel. Era como un beso incesante de placer contenido. Siempre le había gustado el frío en la noche o en un día de lluvia. O en el mar, sobretodo en el mar. Quizás cuando volviese a casa todo habría cesado, el frío, el miedo, la incertidumbre. Cuando volviese a casa. Dicen que los suspiros son palabras eternas nunca pronunciadas, palabras ahogadas en el mar de una noche que no acaba nunca, casi intemporal. Dicen demasiadas cosas, pensó.
Parecía un autómata, cada paso que daba se convertía en una brecha en el pensamiento de todos aquellos que se atrevían a mirarla, que descubrían su existencia entre las sombras de la oscuridad de la noche. Sus ojos cual faros negros proyectaban la ira contenida de la historia. Pero, ¿qué no destacaba más que una mente libre? ¿qué no iba a hacer que todos aquellos ojos acusadores la mirasen cual especie en extinción?
El mar se alejaba como el ruido de las campanas de la iglesia, como la consciencia se abandona a la muerte, como todo lo que amas. Y así iba dejando paso a lo sobrecogedor, a lo que aun no estaba escrito. Pronto llegaría a casa para abandonarla, para ocultar ahí todos los sueños que no había sabido arrojar al mar, que no había sabido olvidar. Y quien sabe si volvería algún remoto día a recuperarlos, a saber si realmente todo aquel ruido había cesado, a comprender que el mar siempre seguiría ahí.
Realmente el mayor placer era la incertidumbre.La sonrisa se dibujó en su conciencia. 

jueves, 8 de enero de 2015

Carta a una extraña.



Actuando siempre como reconocidos desconocidos, creyendo saber en qué momento podría dibujarte las alas. Y es que me pensaba dueña de todo lo tuyo, de todo lo que tu mente había creído pensar en el momento en el que nuestras miradas se encontraban. Pero eras tú, tan extraña, la que se había adueñado de mí. Eras tú la que dibujaba lágrimas en mi rostro y hacía que mi mirada pareciese perdida, ida. 
Aun recuerdo la cantidad de veces que me engañabas, la cantidad de veces que el peso parecía una broma. Nunca era suficiente; nada lo era. Te reías de mí, pero tú también estabas pálida y nunca guapa
Deshacerme de todo lo que ingería parecía haberse convertido en rutina y yo parecía haberme convertido en esclava, que no sólo de ella, sino también de ti. 

Hoy he decidido escribirte esta carta para que sepas que me dejé ayudar, que entre todos me enseñaron a hacerte trizas, a dejar tus cristales rotos en el suelo. Y es que , querida imagen del espejo, nunca fuiste yo, nunca trataste de ayudarme ni nunca me mostraste la verdad. Por eso hoy, he decidido acabar con los patrones por fin, ser yo de nuevo y regalarle sonrisas a la imagen que me devuelve el agua del vaso. Porque se acabó, no quiero volverte a ver. Hoy, he decidido ser feliz.




sábado, 18 de octubre de 2014

A la tercera va la vencida.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura y se deslizan, saboreando cada curva de mi inocencia, por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso más tierno del mundo. Susurras un nombre, mi nombre, y los párpados parece que me pesan, se cierran mis ojos. Los besos siguen, tus manos se deslizan por mis brazos y me acunas desde atrás. ‘Eres preciosa’ aspiras el aroma de mi sonrisa y me vuelvo. Emprendo el vuelo. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa y la mía se hacen una. Muerdes. Me alejo y te miro. Estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo, me abrazas de nuevo.
Llega la primera lágrima y se deshace en oscuridad. Más besos, más canciones y miro dentro de mi esencia, me pierdo. Vuelven los besos y se escucha el murmullo del mar.
Encuentro una sonrisa amarga con la segunda lágrima y tu luz me envuelve de nuevo. Muerdes. Sabor dulce de otoño.

A la tercera va la vencida y el llanto pesa. Me deshago en miedo y te llega la inseguridad. Te pierdo, te alejas. Me cierro. Ya no vuelo bien. Empezamos de cero. 
                                                                                                                           Ya no estás. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Rumor

Hacía cincuenta años que no me quedaba tan quieto escuchando el rumor del mar, o quizás no era tan sólo eso lo que escuchaba sino mis propios recuerdos. Bueno, los míos y los de Víctor que miraba el mismo horizonte que yo, nostálgico y haciendo de segundo cayado para lo que el primero ya no podía soportar. Supuse que aquel día el atardecer nos acunaría en su regazo mientras el mar nos contaba los recuerdos del ayer. Tantas ideas en la mente bullendo, listas para salir y la mayoría he olvidado cómo plasmarlas. He olvidado cómo escribir. Me he hecho viejo.  Y es que hablar de las imperfecciones del cuerpo humano es como ser engullido por un abismo placentero de amargura extrema. Como conjugar las incoherencias de la mente con las de la madre naturaleza. Es como saberlo todo y no haber visto nada. Ser amante de la belleza enjuta y de la perfección desordenada, de la cólera de los más absolutos defectos.  He visto cientos de puestas de sol pero ningún amanecer. He visto crecer y marchitarse cientos de historias. He visto tantas y tantas cosas que el miedo vino por mí. Pensé ¿cómo no tener miedo de esta sociedad? Si ella está corrompida, pronto lo estaré yo. ¿Cómo no tenerle miedo a esta sociedad? Si me mintieron, si cuando intenté abrirme paso consiguieron que me replegara. Víctor me sonreía, mi niño, mi hijo. Hacía cincuenta años que no pensaba en la felicidad, que no salía de mi escondite. Pero he aprendido que vivir es un arte y que nunca es tarde para descubrir la dulzura de un silencio, para descubrir que tener miedo, forma parte del arte.

jueves, 14 de agosto de 2014

Oh capitán, mi capitán.

"Sólo te han dado una pequeña chispa de locura. No debes perderla".- Robin Williams.

Las grandes almas dejan grandes vacíos. El cine se vistió de luto y los corazones dejaron de latir durante un instante de asfixia. Ternura y vida, amor, odio, historia y desesperación. Carpe diem. Realmente creemos que un buen actor se mide por lo que nos transmite, por esa sensación sobrecogedora que hace que la piel se te erice y el suspiro llegue a tus labios, por la que las lágrimas inundan tus ojos y en el pecho se ejerce esa presión tan familiarmente humana. 

Hoy quiero despedir al actor que ha sido el maestro de mi poesía, el interlocutor de mis comentarios atrevidos y el robot que me hizo sentir. Hoy quiero despedir a Robin Williams y reconocer en él que supo vivir y que me enseñó, en cada una de sus sonrisas en cámaras, a apreciar un poco más el Carpe Diem, a jugar arriesgando. 

Oh capitán, mi capitán. Las personas nunca se marchan del todo mientras alguien siga recordándolas, mientras su recuerdo perdure y su huella nunca se aleje.


Buenos días, Vietnam. 


martes, 29 de julio de 2014

Alma

Me sabe a poco. Me sabe a poco esconderme en un rincón buceando entre las olas de las letras. Me sabe a poco que un olvido temporal se cierna sobre mí. Me sabe a poco pensar ordenadamente y no en un caos embellecedor que hace brotar todo lo incierto en ese momento preciso.


Es alma de literatura, de musicalidad y de poemas la que me libera, pero ¿qué es alma? Vuelven los sentimientos desbordados, vuelve el caos, vuelve la calma de saber que no me he perdido. Y es aquí donde empiezo a plasmar y a descubrirme. Alma, alma, alma