jueves, 14 de agosto de 2014

Oh capitán, mi capitán.

"Sólo te han dado una pequeña chispa de locura. No debes perderla".- Robin Williams.

Las grandes almas dejan grandes vacíos. El cine se vistió de luto y los corazones dejaron de latir durante un instante de asfixia. Ternura y vida, amor, odio, historia y desesperación. Carpe diem. Realmente creemos que un buen actor se mide por lo que nos transmite, por esa sensación sobrecogedora que hace que la piel se te erice y el suspiro llegue a tus labios, por la que las lágrimas inundan tus ojos y en el pecho se ejerce esa presión tan familiarmente humana. 

Hoy quiero despedir al actor que ha sido el maestro de mi poesía, el interlocutor de mis comentarios atrevidos y el robot que me hizo sentir. Hoy quiero despedir a Robin Williams y reconocer en él que supo vivir y que me enseñó, en cada una de sus sonrisas en cámaras, a apreciar un poco más el Carpe Diem, a jugar arriesgando. 

Oh capitán, mi capitán. Las personas nunca se marchan del todo mientras alguien siga recordándolas, mientras su recuerdo perdure y su huella nunca se aleje.


Buenos días, Vietnam. 


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