sábado, 23 de agosto de 2014

¿Y si es solo este momento?

¿Qué hemos cambiado de nuestros momentos? ¿Teníamos intención de conseguir algo?
Nos dejábamos la piel a trozos, con prisas de nuestras miradas.
Los momentos de intimidad se estampaban directamente contra nosotros, no hacía falta que los buscáramos.
Me gustaba que nuestras manos se rozaran. Me gustaba coger la tuya y pensar que era la mía. 
A ti te gustaba hundir tus dedos entre mi pelo, mirarme en la distancia.
Nunca escuché lo que pensabas, a veces creo que no llegó a importarme. Otras recuerdo que tú no quisiste.
Vivíamos segundos, minutos... Pero se nos hacían tan horas. Siempre acabamos midiéndonos en momentos.

Somos los recuerdos de nuestras caricias, sus sombras entre las sábanas. Fuimos la sonrisa que se perdió en aquel mes de otoño. Ese fin de semana que nunca llegó, y ese único (maldito) plan de futuro.  
Tampoco recuerdo una verdad, pero no hubo mentiras.

Hoy llueve, con alegría. Con ganas pero sin fuerza. El agua lame donde cae, acaricia los objetos que tenemos entre la oscuridad
Brilla bajo las farolas, y nos hacen sonreír. Calma el ambiente, el calor de la ausencia. 
Me recuerda a esa vez que llovió, meses atrás, tan cerca de mí. 

¿Hemos encontrado las sombras de aquello entre otras espaldas? 
¿Seguimos persiguiéndonos entre otras miradas? 
Siempre habrá otra espalda, otro lugar del que engancharse, no iremos más allá en busca del pasado.

Al menos nos quedan esos momentos, algo exhalados.

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