Mostrando entradas con la etiqueta Homenaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homenaje. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de abril de 2016

Mamá

Somos fuertes, somos valientes,
todo ha sido gracias a ti,
todo es ahora por ti.

Ya todos nos hemos deshecho en elogios, en palabras bonitas, en recordar todo lo que vivimos... No puedo negar que yo odiaba esa manía suya de dejar la luz del estractor encendida para no olvidarse de que estaba cocinando, su horrible costumbre de dejar el boli sin tapar, tener la casa llena de dibujos para colorear, de fichas de unir puntos y que, sobre todo, a veces olvidara que tenía diecinueve años y me tratara como a uno de sus alumnos.
Pero ahora... ahora es como que le falta el reflejo a los espejos, como que el eco ha tomado su voz, como que al reloj le falta una manecilla, como si continuáramos sin un trozo de nosotros.
Nosotros. Nosotros hemos conseguido hacer demasiado grande esa palabra, tanto, que casi hemos llenado el hueco que nos dejas. Pero no supera todo lo que nos has dado, en lo que nos has convertido, en lo que, mamá, has hecho con nosotros.
Es duro ahora, difícil mezclado con irreal; "otro ley de vida" intentando quitarle peso al presente.
Miento si digo que no nos quedan más lágrimas que derramar, porque siempre se puede más, de todo.
Alejando el egoísmo y recordando a quien es verdaderamente importante hoy, hoy y siempre, seguro que preferiría risas, risas, amigos, familia y cerveza.
Callando más, mucho más de lo que digo, o tal vez porque prefiera, egoístamente, decírselo a solas, quiero finalizar, papá, Javi y todos los que la echan de menos, los que tienen un pellizco en el corazón, recordando que hay que sacar fuerzas, fuerzas de flaqueza y hacer que prosiga el poderoso drama, porque somos una familia y decir que héroe no es quien se enfrenta a la muerte, héroe es el que se enfrenta a la vida y ésta ha decidido que hoy seamos un poco héroes.

 Gracias...
Gracias a todos los que dieron media vuelta por estar allí, a todos los que dejaron lo que estaban haciendo por venir, a los que pararon el mundo por venir, a los que no les importaron los kilómetros ni les dio miedo la noche. A los que lucharon contra el sueño por no separarse de nuestro lado. A todos. Gracias a todos por demostrarnos lo grande que era y que es mi madre, por recordárnoslo porque ante todo queríais estar allí. Gracias por enseñarme lo grandes que son mis padres, lo orgullosa que estoy de ellos porque vinistéis por ella, otros, sin conocerla, por nosotros. Nunca antes había abrazado a tantos desconocidos, nunca antes había visto de esta manera todo lo que hacen los amigos, la familia. Allí se lo dijeron y es cierto, no le estamos diciendo adiós, sino hasta ahora, porque ha quedado repartida en todos nosotros, en tanta gente... que serguirá viva por todos los rincones.

martes, 8 de marzo de 2016

Escaleras.

El tiempo lo cambia todo, nos da motivos para cambiar, nos transforma. 
Para los que siguen el blog esta entrada les va a resultar familiar y es que proviene de una idea anterior, más suave que ya subí antes (si queréis leerla está justo aquí). Son puntos de vista diferentes de unas palabras similares. Tomad esto, simplemente, como un homenaje al día de la mujer que hoy nos acompaña, que entre uno de tantos ámbitos que podría ser escogí este, que ya tuvo día propio, porque es el que más sentimos, el que más, aunque con los ojos cerrados, vemos. 

ESCALERAS.

Tus manos trazan círculos irregulares en mi cintura, se deslizan saboreando cada curva de mi inocencia por mi espalda. Llegas al cuello y tus labios depositan el beso que creía el más tierno del mundo y susurras un nombre, mi nombre. Los parpados parece que me pesan. Se cierran mis ojos y llueve sobre mis mejillas. Los besos siguen, tus manos acogen mis brazos y se supone que me acunas desde atrás.
Eres mía
Aspiras el aroma de mi sonrisa que ya no es curva y me vuelvo. La botella emprende el vuelo, se estrella contra el suelo y los cristales se derraman cual líquido por las escaleras. Mis manos cóncavas sujetan la ebriedad de tu rostro y tu sonrisa de lobo muerde la mía. Muerdes, me alejo y te miro, estoy perdiendo el norte en mi brújula y tengo miedo. Pero vuelves a sonreír, me abrazas de nuevo y parece que volvemos a empezar.
Todo se deshace en oscuridad; menos besos, menos canciones y miro dentro de mi esencia; me pierdo. ¿Dónde están los besos? ¿Dónde están las canciones? ¿Dónde está la libertad? ¿Dónde estabas? ¿Dónde estaba yo? ¿Dónde estaba que no me daba cuenta donde iba? ¿Dónde estaba que no sabía que no me lo merecía?
Vuelven los besos, vuelven las canciones y escucho el murmullo del mar. Encuentro una sonrisa amarga con las siguientes lágrimas y se supone que tu luz me envuelve, que hemos pasado página, que ya se acabó porque dijiste que ibas a cambiar. Agrio sabor a invierno.
A la tercera va la vencida dicen. Me deshago en miedo, tu mano se acerca, se aferra, me aferra, el color violáceo de mi piel se extiende por los brazos, por el pecho por la mejilla. Me preguntan; fueron las escaleras, dije; resbalé, dije; me caí en el baño, dije. Y no fue así, eras tú. Que porqué no lo vi venir, dijeron; que porqué no me dejé ayudar, dijeron; que porqué nadie lo vio; porqué nadie preguntó, por qué todos cerraron los ojos y se perdieron ¿Por qué me perdí?
Te miro a los ojos, la botella sigue en el suelo, cristalizada, con el carmín que se derrama, como yo, por las escaleras. Aprieto los puños, por un instante fugaz parece que dejo de tener miedo y tus ojos ebrios al fin, parece que me ven, al fin, parecen saber que existe un yo, que las muñecas de porcelana se extinguieron, al fin ya no estás. Ya no estoy. Y tú, tú, como la botella de vino barato que consumías, te caíste por las escaleras

viernes, 31 de octubre de 2014

Demasiado fugaces son las estrellas

Hay quien dice que el punto final sólo lo pone la muerte,
yo, en cambio, digo que ése sólo lo pone el olvido.

Y decían que mala hierba nunca muere. Consuelos de tontos me abordan: murió como quería, en el campo: al menos no sufrió... Y más retahílas que no sirven de nada cuando, yo, cegada por mi egoísmo sólo sé que ya no está. Pero, esta vez, no me regodeo de mi dolor; lo acallo, me convenzo de que así duele menos y ese "ley de vida" duerme todos los dolores que rondaban mi cabeza.

-Demasiado fugaces son las estrellas- pienso tumbada sobre el "prao". Me inunda el olor a humedad y eucalipto y dejo que ese sea el motivo de mi felicidad, ese descanso que regalo a mi mente. El cantar de los gallos y algún mugido son los únicos sonidos que logran hacerse un instantáneo hueco en mi cabeza. Olvidada del reloj, del bullicio y de los sentimientos, permanezco ahí, casi inmóvil. Dejo que me venza el peso de los párpados.
Abro los ojos quién sabe cuándo, apenas me acuerdo o apenas quiero acordarme del motivo que me impulsó a huir y siento una contentible felicidad. Rectifico, siento una maravillosa felicidad cuando recuerdo que, los lugares se hacen importantes por las personas que estuvieron ahí, por los momentos vividos o por lo que te hayan hecho sentir. Por suerte, en aquel lugar se unieron los tres junto con tus lecciones de vida "pero fía, ye que hay que trabayar hasta que unu pueda" (pero hija, hay que trabajar hasta que uno pueda) y frases que prefiero, egoístamente, quedármelas. Y, volviendo a mis primeras palabras; es cierto, mala hierba nunca muere porque no abandonarás mi pensamiento.



"Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,  
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."

jueves, 23 de octubre de 2014

Sur

Veintitrés. Los números también esconden todo tipo de lírica y secretos. Historias. Desde Vidas en Metamorfosis queremos felicitar a uno de nuestros puntos cardinales. Los cumpleaños tienden a ser monótonamente especiales y más si se suman en una mayoría de edad. Probablemente no estaríamos aquí ahora si no fuese por su entusiasmo, por sus ganas de vivir y de decir que 'la vida es un poquito más vida con la literatura'. Probablemente nunca habríamos completado los cuatro puntos cardinales sino fuese por ella. Dieciocho, si, dieciocho años han pasado, los cuales guardan tras ellos cientos de historias, unas mejores, otras peores, que finalmente te han llevado a estar ahí y ser quien eres. Gracias por estar con nosotros tanto en los buenos como en los malos momentos. Gracias por dejar de lado las falsedades y mostrarte tal y como eres. Nos has enseñado a levantarnos, a impulsarnos cuando nos caemos. Nos has abrazado cuando nos hacías falta. Solo nos queda desearte un feliz día, que sea especial y lo disfrutes. Que lo recuerdes aunque parezca un cumpleaños más, que sea genial y lo pases bien. En definitiva, felices 18. Gracias a ti las otras tres patas no se caen.

jueves, 14 de agosto de 2014

Oh capitán, mi capitán.

"Sólo te han dado una pequeña chispa de locura. No debes perderla".- Robin Williams.

Las grandes almas dejan grandes vacíos. El cine se vistió de luto y los corazones dejaron de latir durante un instante de asfixia. Ternura y vida, amor, odio, historia y desesperación. Carpe diem. Realmente creemos que un buen actor se mide por lo que nos transmite, por esa sensación sobrecogedora que hace que la piel se te erice y el suspiro llegue a tus labios, por la que las lágrimas inundan tus ojos y en el pecho se ejerce esa presión tan familiarmente humana. 

Hoy quiero despedir al actor que ha sido el maestro de mi poesía, el interlocutor de mis comentarios atrevidos y el robot que me hizo sentir. Hoy quiero despedir a Robin Williams y reconocer en él que supo vivir y que me enseñó, en cada una de sus sonrisas en cámaras, a apreciar un poco más el Carpe Diem, a jugar arriesgando. 

Oh capitán, mi capitán. Las personas nunca se marchan del todo mientras alguien siga recordándolas, mientras su recuerdo perdure y su huella nunca se aleje.


Buenos días, Vietnam.