martes, 9 de junio de 2015

Dicen

Es lo único que debería importarnos; el miedo.

Siempre había escuchado que para quién tiene miedo todo son ruidos. Vivía en una sociedad donde el silencio quedaba ahogado por las mentiras, donde se olvidaba fácilmente la belleza de un instante ante el avance tecnológico de lo absurdo ¿qué ocurría entonces? ¿era la sociedad la que trataba de infundirles el miedo?
Siempre había amado la mar. Cada poro de su piel reaccionaba con el aire salino que trataba de apropiarse de la arena. El agua comenzaba a cubrir las rocas de la cueva, marea alta. Pronto anochecería. Le parecía sobrecogedor el efecto que tenía la luna sobre sus miedos. 
El frío comenzaba a morderle la piel. Era como un beso incesante de placer contenido. Siempre le había gustado el frío en la noche o en un día de lluvia. O en el mar, sobretodo en el mar. Quizás cuando volviese a casa todo habría cesado, el frío, el miedo, la incertidumbre. Cuando volviese a casa. Dicen que los suspiros son palabras eternas nunca pronunciadas, palabras ahogadas en el mar de una noche que no acaba nunca, casi intemporal. Dicen demasiadas cosas, pensó.
Parecía un autómata, cada paso que daba se convertía en una brecha en el pensamiento de todos aquellos que se atrevían a mirarla, que descubrían su existencia entre las sombras de la oscuridad de la noche. Sus ojos cual faros negros proyectaban la ira contenida de la historia. Pero, ¿qué no destacaba más que una mente libre? ¿qué no iba a hacer que todos aquellos ojos acusadores la mirasen cual especie en extinción?
El mar se alejaba como el ruido de las campanas de la iglesia, como la consciencia se abandona a la muerte, como todo lo que amas. Y así iba dejando paso a lo sobrecogedor, a lo que aun no estaba escrito. Pronto llegaría a casa para abandonarla, para ocultar ahí todos los sueños que no había sabido arrojar al mar, que no había sabido olvidar. Y quien sabe si volvería algún remoto día a recuperarlos, a saber si realmente todo aquel ruido había cesado, a comprender que el mar siempre seguiría ahí.
Realmente el mayor placer era la incertidumbre.La sonrisa se dibujó en su conciencia. 

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