martes, 30 de septiembre de 2014

¿Indulto?


La puerta se abrió y, aun cegado por la luz, pude ver a quien sería mi verdugo. -Sal, anda, parece que hoy es tu día de suerte- dijo aquel hombre. Yo le di mis manos para que las uniera y así lo hizo.
Y me encontré ante el juez. Su expresión parecía cansada de escuchar mentira tras mentira. Sonreí y me acerqué a él dispuesto a decir la verdad.
-La vida ahí fuera no es nada fácil, ¿sabe?- comencé a decir. -Y yo soy culpable, robé, mas si lo hice fue porque aquí me aseguraban techo y un plato de comida al día. Y si robé donde más había fue porque así mi condena sería mayor. Pero no se preocupe, señor juez, que robar no fue mi primera opción. Antes de hacerlo recordé esos versos “oh poderosa muerte, que con callado pie todo lo igualas”. Mas a estas alturas pensé, ¿quién me asegura que aún no hayan comprado mi trozo de cielo? Y aquí me ve, esperando saber qué será de mí, si podré respirar con la seguridad que me otorga el saber que me espera un día más, igual al anterior, o si tendré que respirar ahí fuera, con esa duda de no saber si el aire que respiro es mío.
-¿Eso es todo?- preguntó el juez.
-Supongo que - contesté.

Tomó nota, sonrió y, mientras un policía soltaba mis esposas, afirmó: -enhorabuena, es usted libre-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario