martes, 9 de septiembre de 2014

"Rutina"

Hay quien vive atado al pasado,
hay quien vive sin vivir

Amaneció en el mismo lugar de siempre. Con los ojos entreabiertos miraba, asqueado, cómo le cegaba la claridad del día, de otro día. Aquel espíritu antes insaciable se encontraba tirado en la cama, abandonado por sí mismo a su suerte, carecía de fuerzas para levantarse o, al menos, de eso se había convencido. Ni hambre, ni sed, ni sueño. Impasible a todo cuanto le rodeaba había forjado su propia armadura, callo sobre callo, para mantener alejado cualquier dolor, cualquier miedo.
Como acostumbraba, ella abrió la puerta, tan puntual como siempre. Él no la miró, de sobra sabía cada peca de su nariz. Oyó algo de ruido y quiso intuir lo que hacía, pero no prestó demasiada atención; su curiosidad ya había muerto. Otra vez el desayuno a la cama, como si eso fuera a despertar sus ganas de vivir, sus ganas de estar con ella.
Pero, aquella vez, quién sabe si por un descuido o porque ella también se había cansado, el frío acero que le abrazaba sus cuatro extremidades le impidió llegar al desayuno.

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