jueves, 31 de julio de 2014

Sobran palabras

Hay quien dice que ojos que no ven, corazón que no siente,
otros, en cambio, sólo se acuerdan de sentir cuando dejan de ver.

El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Repetía una y otra vez que no era culpable, que la amaba, que por ella hubiera dado su vida, que sólo fue un accidente, que ya tenía bastante castigo con haberla perdido y un sin fin de retahílas que el juez escuchó medio adormilado. Y cuando al fin dictó sentencia, apresaron al joven que no tenía una lágrima más que derramar. Porque qué más le daba al juez lo que dijera si, de lo ocurrido, sólo había dos testigos y uno ya no estaba.

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