domingo, 31 de agosto de 2014

Vacío

Todo aquello que me hizo flaquear desapareció. Ni dolor, ni miedo, ni deseo; todo se había esfumado. Me había convertido en todo aquello que ellos temían, en todo aquello que no podían detener. Cualquier esperanza quedó derruida conmigo en el interior. Poseía todo lo que necesitaba para continuar latiendo, a mi nuevo ritmo.
Impasible a toda cualidad que describe a cada ser humano, lejos de sentimientos que pudieran hacerme débil me acerqué a él con paso lento pero firme. La sonrisa se dibujó en mi consciencia, autosuficiente, y la tentación buscó mi nombre. Cada paso que daba hacia él conseguía alterar más y más mi corazón ¿qué debo hacer? Me pregunté. Seguí adelante, rocé con mis dedos el cristal y lo abrí lanzándome al vacío.
Los cuatro puntos cardinales de Vidas en metamorfosis.

sábado, 23 de agosto de 2014

¿Y si es solo este momento?

¿Qué hemos cambiado de nuestros momentos? ¿Teníamos intención de conseguir algo?
Nos dejábamos la piel a trozos, con prisas de nuestras miradas.
Los momentos de intimidad se estampaban directamente contra nosotros, no hacía falta que los buscáramos.
Me gustaba que nuestras manos se rozaran. Me gustaba coger la tuya y pensar que era la mía. 
A ti te gustaba hundir tus dedos entre mi pelo, mirarme en la distancia.
Nunca escuché lo que pensabas, a veces creo que no llegó a importarme. Otras recuerdo que tú no quisiste.
Vivíamos segundos, minutos... Pero se nos hacían tan horas. Siempre acabamos midiéndonos en momentos.

Somos los recuerdos de nuestras caricias, sus sombras entre las sábanas. Fuimos la sonrisa que se perdió en aquel mes de otoño. Ese fin de semana que nunca llegó, y ese único (maldito) plan de futuro.  
Tampoco recuerdo una verdad, pero no hubo mentiras.

Hoy llueve, con alegría. Con ganas pero sin fuerza. El agua lame donde cae, acaricia los objetos que tenemos entre la oscuridad
Brilla bajo las farolas, y nos hacen sonreír. Calma el ambiente, el calor de la ausencia. 
Me recuerda a esa vez que llovió, meses atrás, tan cerca de mí. 

¿Hemos encontrado las sombras de aquello entre otras espaldas? 
¿Seguimos persiguiéndonos entre otras miradas? 
Siempre habrá otra espalda, otro lugar del que engancharse, no iremos más allá en busca del pasado.

Al menos nos quedan esos momentos, algo exhalados.

lunes, 18 de agosto de 2014

Ella o yo

Será que hay elecciones que marcan vidas,
será que hay amores que mueren cuando nacen pasiones.

 

Mi matrimonio había dejado de tener sentido el día en que mi amante me dejó. Él ya lo sabía, lo había notado, no era la misma desde que ella se fue. Todo me molestaba, nada salía a mi gusto. Sólo sabía maldecir el momento en que ella quiso poner fin a nuestra relación y casi a mi vida. Me desesperaba esperando a que llegara, a que me volviera a hacer sentir que era yo.
-O ella o yo- me dijo él un día cualquiera, -¿crees que no lo he notado?- clavó su vista en mí -sé que era ella la que hacía que siguieras conmigo, como si esto fuera una relación de tres, pero ya me he cansado de ser el segundo, de que nuestra relación, sin esa amante tuya carezca de sentido.- Suspiró, -¿no te acuerdas cuando éramos sólo dos?.
Lo interrumpí, tuve que hacerlo: -ella estaba antes de que aparecieras tú, siempre lo estuvo-.
-Me da igual, ahora te toca elegir- me miró, penetrante, a los ojos -ella o yo- repitió.
Cerré mi ordenador, me levanté, cogí un par de libretas y bolígrafos, dejé la ropa y no miré atrás.
-Me voy, ya elegí- dije -me toca a mí buscarla, no va a ser mi inspiración la que tenga que encontrarme siempre-. Y, justo antes de cerrar de un portazo dije "adiós"

jueves, 14 de agosto de 2014

Oh capitán, mi capitán.

"Sólo te han dado una pequeña chispa de locura. No debes perderla".- Robin Williams.

Las grandes almas dejan grandes vacíos. El cine se vistió de luto y los corazones dejaron de latir durante un instante de asfixia. Ternura y vida, amor, odio, historia y desesperación. Carpe diem. Realmente creemos que un buen actor se mide por lo que nos transmite, por esa sensación sobrecogedora que hace que la piel se te erice y el suspiro llegue a tus labios, por la que las lágrimas inundan tus ojos y en el pecho se ejerce esa presión tan familiarmente humana. 

Hoy quiero despedir al actor que ha sido el maestro de mi poesía, el interlocutor de mis comentarios atrevidos y el robot que me hizo sentir. Hoy quiero despedir a Robin Williams y reconocer en él que supo vivir y que me enseñó, en cada una de sus sonrisas en cámaras, a apreciar un poco más el Carpe Diem, a jugar arriesgando. 

Oh capitán, mi capitán. Las personas nunca se marchan del todo mientras alguien siga recordándolas, mientras su recuerdo perdure y su huella nunca se aleje.


Buenos días, Vietnam. 


martes, 12 de agosto de 2014

Recuerdos dormidos

Y al levantarse, como acostumbraba, leyó la nota de su mesita esperando que los vestigios de un recuerdo ya borroso llegasen a su mente. Esperando que aquel pasado se hiciera un poco presente, lanzando de nuevo la nota a la mesita.
Dejó toda su realidad de lado durante unos momentos; volvió a tumbarse en aquella vieja cama y cerró los ojos esperando a que algo pasase. Que ella decidiera volver aunque él ya casi nunca recordara su nombre, incluso que se hubiera ido. Noche sí, noche también, tratando de ponerle un rostro que jamás era el suyo. Se maldijo por no tenerla, por pensar en ella, por respirar aún su perfume, por verla a su lado aunque ya no estuviera. Se preguntaba qué era aquello que lo había condenado a ese sufrimiento, ignoró la causa de ello y desdibujó la tristeza de su rostro.
De nuevo, al levantarse, como acostumbraba, leyó la nota de su mesita. Quizás fuera el momento de hacer trizas aquel recordatorio acérrimo de su ausencia, vivir sin más. Lo agarró entre sus manos, hundiendo los dedos hasta hacerlo una bola, lo lanzó por encima de su cabeza, y se levantó.
Por enésima vez, el mundo se encontraba en sus manos, a partir de ahora podría modelar su vida tal y como él quisiera.
Y esa felicidad momentánea desapareció cuando miró otra nota que señalaba un cajón; lo abrió y encontró una fotografía tan empolvada como sus recuerdos. Pero, aquella vez, un atisbo de memoria quiso volver a él y sus labios comenzaron a moverse solos dibujando su nombre. Ése que creía que jamás volvería a pronunciar. Mamá. Ése era su hálito, su recuerdo. Su vida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Lobo de mar

Parpadeas, huele a mar. Estás callejeando con rapidez entre un gran tumulto. Los cuerpos sin rostro se chocan contigo, te pisan. Giras la cabeza de un lado a otro, buscando algo que nunca suele aparecer. Vuelves a parpadear, te paras. Observas pegada a la pared cómo la gente sigue moviéndose sin sentido, pasando como borregos. Les das la espalda, no quieres mirarlos. A los segundos te vuelves a girar. En frente, pegado contra la otra pared, una cabeza algo cana está suavemente girada. Se pone entre los labios un cigarro, y con la ayuda de sus dos manos se lo enciende. Con una de sus palmas tapa el cigarro mientras la otra mantiene el mechero. Exhala por primera vez, todo el humo sale y se descompone con el ambiente. Vuelve a llevarse el cigarro a los labios. Mira más allá de los cuerpos que se amontonan ente el ancho y largo de la calle.

Tiene una expresión muy fría, sus ojos oscuros parecen sacados del mismo océano. Su pelo fue oscuro y rebelde, ahora más blanco, dándole un aire grisáceo a su cabellera.  Sus manos son fuertes, y se ven ásperas, son unas manos trabajadas, de esas que tienen miles de historias que contar. Lleva una camiseta de manga corta, mientras todos llevamos chaquetas. Sus pantalones anchos desfiguran sus piernas, la derecha apoyándose en la pared. 

Me gustaría imaginar que es un marinero, un marinero perdido en tierra. De esos lobos de mar que se vieron obligados a no embarcar más. Sería el que mejor sabría hacer nudos dentro de la embarcación. El más silencioso, pero el que más historias tendría que contar. Enamorado de su mar, nunca querría estar en la ciudad, simplemente le bastaría con estar en el barco. Mano derecha del capitán, confidente, su seriedad haría que te pensaras dos veces si hablar con él. En las noches que echaban ancla en la costa, se sentiría obligado a salir de su fortaleza y buscar compañía entre los vasos de sus bares favoritos, siempre con un poco de hielo. Al amanecer estará siempre fuera del camarote, mirando ese poema de la naturaleza. Pero eso se acabó, se condenó a pisar la ciudad todos los días del resto de su existencia. Se condenó a beber todas las noches. A soñar de madrugada que el mar le lamía los pies, que la sal se le pegaba a las piernas, entonces sonríe entre sueños.

El humo vuelve a salir de su boca. Se le está acabando pero ya no piensa en fumar de nuevo. Yo miro a otro lado. Imaginando lo que ese hombre puede ser. Quizás no sea realmente un antiguo bucanero, y sólo es un hombre de playa, un hombre sin grandes preocupaciones que tiene una vida sencilla, que se alegra del viento o el sol que haya. O quizás no es nada de esto, quizás es otro pobre hombre de esta bella ciudad. O simplemente otro fumador de esta calle. Quizás ni siquiera estaba allí cuando yo miré.
  
El cigarrillo cayó al suelo, rebotó y las chispas se apagaron cuando entró en contacto con el agua del suelo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Seis palabras son suficientes para soñar

"For sale: baby shoes, never worm". (Se vende: zapatos de bebé, nunca usados)
En efecto, Hemingway nos demostró que seis palabras bastaban para soñar, para dejar abierta la puerta a la imaginación, a todo un mundo de porqués.
De sobra sabemos que los verdaderos microcuentos son aquellos que, con pocas palabras en su pleno sentido, te hacen pensar todas las posibles historias. A raíz de ello surge el reto de hacer, justo con seis palabras, un microcuento capaz de hacer soñar, animaos a ser parte de ese pequeño reto:

Y, bienvenidos a la isla de la excentricidad.

Los cuatro puntos cardinales de vidas en metamorfosis