Todo aquello que me hizo flaquear desapareció. Ni dolor, ni miedo, ni deseo; todo se había esfumado. Me había convertido en todo aquello que ellos temían, en todo aquello que no podían detener. Cualquier esperanza quedó derruida conmigo en el interior. Poseía todo lo que necesitaba para continuar latiendo, a mi nuevo ritmo.
Impasible a toda cualidad que describe a cada ser humano, lejos de sentimientos que pudieran hacerme débil me acerqué a él con paso lento pero firme. La sonrisa se dibujó en mi consciencia, autosuficiente, y la tentación buscó mi nombre. Cada paso que daba hacia él conseguía alterar más y más mi corazón ¿qué debo hacer? Me pregunté. Seguí adelante, rocé con mis dedos el cristal y lo abrí lanzándome al vacío.
Los cuatro puntos cardinales de Vidas en metamorfosis.

