Para completar nuestro primer ciclo de cumpleaños queda nuestro último punto cardinal para que nuestra brújula no pierda su sentido, para que nosotros no perdamos el nuestro. Quizás es por eso por lo que es tan importante, es la parte de nosotros que nos termina de completar. Cada uno a su manera, cada uno a su forma, completa esta brújula formada por cuatro puntos, con sus diferencias y semejanzas. Individualmente, contamos con nuestras carencias, en conjunto, formamos la unión en perfecta armonía.
Una felicitación es, simplemente, un pretexto para agradecer, rememorar y sabernos un poco más humanos, un poco más contigo, burlando, como siempre, la distancia gracias a esa tinta que ojalá todos las moldearan como tú; la vida así sería un poco más vida.
Laura Plaza, gracias por tanto, por tan poco comparado con lo que nos queda. Feliz cumpleaños.
ADVERTENCIA
Vidas en metamorfosis by María Mena García, Laura Plaza Rodríguez, Alejandro Ramírez Arroyo, Ana Rodríguez Suárez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en vidasenmetamorfosis.blogspot.com.es.
viernes, 24 de julio de 2015
martes, 14 de julio de 2015
Amanecer. Tú.
La palabra es una de las armas más poderosas que existen. Es capaz de destruir personas, de separarlas. Pero también es capaz de unir, esa unión es la que ha conseguido darnos vida ayudando a convertir los puntos en comas.
Hoy queremos felicitar a la última pata que ha conseguido que este banco se mantenga en pie, el cuarto punto que ha dado sentido a la brújula, la chispa (aunque el optimismo no sea tu fuerte) que nos faltaba.
Alejandro Ramírez Arroyo, gracias por ayudarnos a construtirnos, por ser la parte de la palabra que une. Gracias por estar presente, por comprender y apoyar, y por regalarnos lo más preciado de todo, esa parte de tu voz que resuena de manera diferente en cada persona.
Feliz cumpleaños a nuestro amanecer. Este.
Hoy queremos felicitar a la última pata que ha conseguido que este banco se mantenga en pie, el cuarto punto que ha dado sentido a la brújula, la chispa (aunque el optimismo no sea tu fuerte) que nos faltaba.
Alejandro Ramírez Arroyo, gracias por ayudarnos a construtirnos, por ser la parte de la palabra que une. Gracias por estar presente, por comprender y apoyar, y por regalarnos lo más preciado de todo, esa parte de tu voz que resuena de manera diferente en cada persona.
Feliz cumpleaños a nuestro amanecer. Este.
lunes, 29 de junio de 2015
Libertad de marca blanca
La sonrisa se dibujó en su conciencia. Se borró todo rastro
de esa antigua culpa, o de esos malos recuerdos. Dejó atrás esa cadena que le
impedía moverse con facilidad. Saboreó
algo parecido a la libertad, aunque fuera de marca blanca. Abrió los ojos
lentamente y miró a su alrededor. Se sentó con parsimonia en el asiento. Notó
miles de miradas que cuchicheaban. Cerró sus ojos. De nuevo ese falso sabor a
libertad. Respiraba entrecortadamente. El cansancio era cada vez más latente,
pero le gustaba.Sentía que el cansancio le abrazaba dulcemente. De fondo aparecían palabras y frases, algunas
terminadas en interrogaciones. Sin embrago, solo se repetía una y otra vez el
estribillo de su canción favorita. Le llevaron de vuelta a la realidad de una
sacudida. Tras un breve zarandeo se dignó a mirar al bastardo que le había
interrumpido en el momento exacto en el que estallaba la música. Le tomó la
muñeca con fuerza y le apretó las esposas, agarrando el otro extremo al brazo
de la silla donde se sentaba. Resignado, suspiró mientras se acariciaba la
muñeca dolorida. Aún tenía rastros grasientos y viscosos en su camisa. Desde
una esquina un gordinflón hablaba con alguien que una puerta abierta escondía
de su vista. El gordinflón le señaló con los papeles que tenía entre sus dedos
chorizos. Lo tomaron por la espalda, quitándole las esposas y llevándole hasta
la habitación donde se escondía el tipo. Antes de pasar, se giró:
- He sido yo, ya os lo he dicho. Soy culpable.- Qué dulce le
era decir aquello.
- Lo sabemos- Le empujó dentro de la habitación con fuerza-
ahora quiero que nos expliques cómo lo hiciste.
Estaba demasiado oscuro para sus ojos, aunque solo fueron
unos segundo. Le condujeron hasta una silla, encendieron una lámpara que
apuntaba a su cara. No hubo tiempo para preguntas, simplemente comenzó a
hablar. Tuvo que sonreír mientras explicaba con detalles todo lo ocurrido.
Disfrutó viendo la cara de repulsión de quién le entrevistaba. Miró con
indiferencia su camisa y arañó una de las manchas que poseía, como un intento de hacerla desaparecer. Desde el
principio supo que, además de inevitable, iba a ser inminente. No pensó en
esconderse ni por un minuto. Era extrañamente agradable, cada vez que era más consciente de su culpa, se
sentía más ligero; menos culpable.
martes, 9 de junio de 2015
Dicen
Es lo único que debería importarnos; el miedo.
Siempre
había escuchado que para quién tiene miedo todo son ruidos. Vivía en una
sociedad donde el silencio quedaba ahogado por las mentiras, donde se olvidaba
fácilmente la belleza de un instante ante el avance tecnológico de lo absurdo ¿qué ocurría entonces? ¿era la sociedad la que trataba de infundirles el miedo?
Siempre
había amado la mar. Cada poro de su piel reaccionaba con el aire salino que
trataba de apropiarse de la arena. El agua
comenzaba a cubrir las rocas de la cueva, marea alta. Pronto anochecería. Le
parecía sobrecogedor el efecto que tenía la luna sobre sus miedos.
El
frío comenzaba a morderle la piel. Era como un beso incesante de placer
contenido. Siempre le había gustado el frío en la noche o en un día de lluvia.
O en el mar, sobretodo en el mar. Quizás cuando volviese a casa todo habría cesado, el frío, el
miedo, la incertidumbre. Cuando volviese a casa. Dicen que los suspiros son
palabras eternas nunca pronunciadas, palabras ahogadas en el mar de una noche
que no acaba nunca, casi intemporal. Dicen demasiadas cosas, pensó.
Parecía
un autómata, cada paso que daba se convertía en una brecha en el pensamiento de
todos aquellos que se atrevían a mirarla, que descubrían su existencia entre
las sombras de la oscuridad de la noche. Sus ojos cual faros negros proyectaban
la ira contenida de la historia. Pero, ¿qué no destacaba más que una mente
libre? ¿qué no iba a hacer que todos aquellos ojos acusadores la mirasen cual
especie en extinción?
El mar se alejaba como el ruido de las campanas de la iglesia, como la consciencia
se abandona a la muerte, como todo lo que amas. Y así iba dejando paso a lo
sobrecogedor, a lo que aun no estaba escrito. Pronto llegaría a casa para
abandonarla, para ocultar ahí todos los sueños que no había sabido arrojar al
mar, que no había sabido olvidar. Y quien sabe si volvería algún remoto día a
recuperarlos, a saber si realmente todo aquel ruido había cesado, a comprender
que el mar siempre seguiría ahí.
Realmente
el mayor placer era la incertidumbre.La sonrisa se dibujó en su
conciencia.
lunes, 11 de mayo de 2015
Qué nos queda
Resignación. Es lo único que le queda a esta altura de la vida. El resto de sus pertenencias las tuvo que dar, mayormente a cambio de algo que contuviera más de cinco grados de alcohol o que pudiera ocupar sus pulmones durante unos segundo, y su cabeza por horas. Camina despacio, ya no tiene prisa por llegar a ningún sitio. Se mueve sin un rumbo, simplemente buscando algo que pueda echar en su carro. Sus paseos le llevan a sentarse en cualquier lugar. También han conseguido que su piel arrugada se cuarte y tenga un moreno sucio. Un día, incluso, se sentó al lado de mi contenedor de basura. Recuerdo que llevaba una gorra, ropa algo antigua, y que la resignación le pesaba mucho más que los años que pudiera tener. Parecía hablar consigo mismo, pero en silencio. Miraba con rapidez a un lado y a otro, pero sin buscar nada en particular. Bueno, quizás la resignación de sus ojos hiciera juego con el rojo que ocupaba lo que en algún momento fue blanco. No llegué a olerlo, pero no creo que oliera mal, creo que olería a recuerdos, a mala vida, a cansancio. Tenía las piernas cruzadas cuando pronunció algo muy bajito, en su propio idioma. No pude obviar su presencia, pero temía mirarlo, sentir que podría entender lo que estaba diciendo. Me bastó mirarle de lejos para saber que no querría estar en su lugar, para que me invadiera la pena. Pero también me transmitió su pesar, su resignación humana. Temblé cuando pasé a su lado e hice ver que le ignoraba. Temblé por mi mimetismo social, por ese conformismo estamental tan medieval. Por no mostrar compasión y solo sentirla. Por pensar que puede haber mejores y peores personas, pero no llegar a conocer a ninguna, y sin embargo clasificarlas. De nuevo, nos resignamos a ser humanos, cada uno con su rol. Es lo que nos queda a todos al fin y al cabo, pues llegará un momento en el que ninguno de nosotros podamos permitirnos ni cinco grados de cualquier alcohol.
viernes, 1 de mayo de 2015
Mapas de papel
Gracias por burlarte del olvido,
gracias por obviar la maldita distancia
gracias por conseguir estar aquí y ahora.
No importan los kilómetros que nos separan si existe una próxima vez. Y aunque no la haya, incluso si no ha habido una primera vez, ¿desde cuándo algo físico es impedimento?. Sobrevaloramos la distancia e ignoramos que lo verdaderamente importante es conseguir burlarla, sentirse cerca y olvidarse del olvido.
Damos demasiado peso a lo físico, a lo que podemos tocar, pero morimos de ganas por abrazar a alguien que no está en este momento, por estar en un lugar lejos de este. Pero, que haya distancia de por medio, no nos impide soñarnos en esos lugares, con esos abrazos. La distancia sólo impide lo que le dejemos impedir.
Sólo se trata de hacer frente a todo lo que nos haga creernos lejos, hacer caso a Sabina y pedir que ser valiente no salga tan caro y, aunque lo sea, porque, como diría Harper Lee "el verdadero valor es hacer frente a la situación sin dudar, aun sabiendo de antemano que vas a perder" y arrugar todos los mapas para obviar lo que nos separa, dando un mayor peso a lo que nos une porque, a fin de cuentas, es lo único que debería importarnos.
viernes, 24 de abril de 2015
Final alternativo
Me da igual que mi destino esté pre-escrito, siempre puedo
buscar un final alternativo. Al fin y al cabo, todo es relativo, el tiempo pasa
y nos hacemos viejos viendo pasar trenes sólo de ida desde nuestra propia
estación. El mundo cambia a una velocidad que nos va superando, sin embargo, uno
tiene menos miedo y menos prisa porque finalmente acaba encontrando su lugar
ideal. Divagando entre la monotonía del día a día, al final llega ese algo que
tira todos tus esquemas abajo, cada día acaba siendo uno distinto, alejado de
todo lo que anteriormente habías visto, llámalo como lo quieras llamar. Entre
tus crudos pensamientos surge esa chispa que hace que la monotonía pase a la variedad,
buscando en cada día un nuevo misterio que resolver, buscando en cada minuto la
sorpresa que te haga feliz, buscando en cada segundo aquello que te haga
sonreír. Por último, recuerda, que, no importan los kilómetros que nos separan
si existe una próxima vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)