lunes, 11 de mayo de 2015

Qué nos queda

Resignación. Es lo único que le queda a esta altura de la vida. El resto de sus pertenencias las tuvo que dar, mayormente a cambio de algo que contuviera más de cinco grados de alcohol o que pudiera ocupar sus pulmones durante unos segundo, y su cabeza por horas. Camina despacio, ya no tiene prisa por llegar a ningún sitio. Se mueve sin un rumbo, simplemente buscando algo que pueda echar en su carro. Sus paseos le llevan a sentarse en cualquier lugar. También han conseguido que su piel arrugada se cuarte y tenga un moreno sucio. Un día, incluso, se sentó al lado de mi contenedor de basura. Recuerdo que llevaba una gorra, ropa algo antigua, y que la resignación le pesaba mucho más que los años que pudiera tener. Parecía hablar consigo mismo, pero en silencio. Miraba con rapidez a un lado y a otro, pero sin buscar nada en particular. Bueno, quizás la resignación de sus ojos hiciera juego con el rojo que ocupaba lo que en algún momento fue blanco. No llegué a olerlo, pero no creo que oliera mal, creo que olería a recuerdos, a mala vida, a cansancio. Tenía las piernas cruzadas cuando pronunció algo muy bajito, en su propio idioma. No pude obviar su presencia, pero temía mirarlo, sentir que podría entender lo que estaba diciendo. Me bastó mirarle de lejos para saber que no querría estar en su lugar, para que me invadiera la pena. Pero también me transmitió su pesar, su resignación humana. Temblé cuando pasé a su lado e hice ver que le ignoraba. Temblé por mi mimetismo social, por ese conformismo estamental tan medieval. Por no mostrar compasión y solo sentirla. Por pensar que puede haber mejores y peores personas, pero no llegar a conocer a ninguna, y sin embargo clasificarlas. De nuevo, nos resignamos a ser humanos, cada uno con su rol. Es lo que nos queda a todos al fin y al cabo, pues llegará un momento en el que ninguno de nosotros podamos permitirnos ni cinco grados de cualquier alcohol.

viernes, 1 de mayo de 2015

Mapas de papel

Gracias por burlarte del olvido,
gracias por obviar la maldita distancia
gracias por conseguir estar aquí y ahora.

No importan los kilómetros que nos separan si existe una próxima vez. Y aunque no la haya, incluso si no ha habido una primera vez, ¿desde cuándo algo físico es impedimento?. Sobrevaloramos la distancia e ignoramos que lo verdaderamente importante es conseguir burlarla, sentirse cerca y olvidarse del olvido. 
Damos demasiado peso a lo físico, a lo que podemos tocar, pero morimos de ganas por abrazar a alguien que no está en este momento, por estar en un lugar lejos de este. Pero, que haya distancia de por medio, no nos impide soñarnos en esos lugares, con esos abrazos. La distancia sólo impide lo que le dejemos impedir.
Sólo se trata de hacer frente a todo lo que nos haga creernos lejos, hacer caso a Sabina y pedir que ser valiente no salga tan caro y, aunque lo sea, porque, como diría Harper Lee "el verdadero valor es hacer frente a la situación sin dudar, aun sabiendo de antemano que vas a perder" y arrugar todos los mapas para obviar lo que nos separa, dando un mayor peso a lo que nos une porque, a fin de cuentas, es lo único que debería importarnos.

viernes, 24 de abril de 2015

Final alternativo

Me da igual que mi destino esté pre-escrito, siempre puedo buscar un final alternativo. Al fin y al cabo, todo es relativo, el tiempo pasa y nos hacemos viejos viendo pasar trenes sólo de ida desde nuestra propia estación. El mundo cambia a una velocidad que nos va superando, sin embargo, uno tiene menos miedo y menos prisa porque finalmente acaba encontrando su lugar ideal. Divagando entre la monotonía del día a día, al final llega ese algo que tira todos tus esquemas abajo, cada día acaba siendo uno distinto, alejado de todo lo que anteriormente habías visto, llámalo como lo quieras llamar. Entre tus crudos pensamientos surge esa chispa que hace que la monotonía pase a la variedad, buscando en cada día un nuevo misterio que resolver, buscando en cada minuto la sorpresa que te haga feliz, buscando en cada segundo aquello que te haga sonreír. Por último, recuerda, que, no importan los kilómetros que nos separan si existe una próxima vez.

miércoles, 18 de febrero de 2015

De mirar, mirarnos

He vuelto a tropezar con el pasado
Y he pedido, en el bar de mis pecados,
Otra copa de ron (J.Sabina).

Nuestras miradas se volvieron a encontrar en aquel bar. Yo miraba mi Gin-tonic y movía el hielo aguándolo más. Tú acariciabas el borde de tu vaso, como si eso te hiciera olvidar más que tu whisky sin hielo. Y no tardamos en agachar la cabeza perdiendo las miradas, fingiendo que el tiempo había hecho mella; no nos habíamos visto desde que decidimos no volver a vernos más. Aunque no fui capaz de abandonarte del todo; seguí manteniendo mi atención en tu copa e intuyo que tú la mantuviste en la mía.
Miré a mi acompañante, tú a la tuya y pretendimos sonreír.
Hablé de cosas banales que ya no recuerdo porque mi cabeza sólo sabía conjugar los verbos en pasado, dándome esperanzas con el pretérito imperfecto. Quiero pensar que tú tampoco prestabas atención a las palabras que decía la que aquel día pretendió ocupar mi lugar.
La perfección es una pulida colección de errores. Benedetti se apoderó de mi pensamiento y quiso pasearse por todos aquellos perfectos errores tuyos, mientras simulaba acariciarlos al rozar el borde de la barra. Quise pensar que, entre cada sonrisa que le dedicabas, también recordabas mis infinitos errores. Tú y yo siempre fuimos más de aparentar fortaleza que de tenerla.
Empezó a poder olerse la tristeza de mis ojos, salada. -Pídeme otra, de lo mismo, por favor- dijimos casi a la vez. -Voy al baño mientras-.
Tú salías cuando yo pretendía entrar, o yo salía cuando eras tú quien iba a entrar, ya no lo recuerdo. Estaba demasiado concentrada en tus labios y sé que tú lo estabas en los míos, porque, en ese momento, las dos nos dejamos de tanto olvido, de tanta copa y nos miramos con los ojos cerrados mientras nos bebimos.

martes, 10 de febrero de 2015

Lo intentaré, aunque no pueda

Hoy, he decidido ser feliz. No me preguntes por qué. Sé que no estoy cuerda  y nadie me entenderá. Que será arriesgado ser feliz todo el maldito día, pero ya lo he decidido. Me levanté con los ojos más cansados  y con menos ganas de levantarme que nunca. Hoy me pesa más el cuerpo, las sábanas me hacen daño. Pero hoy he decidido ser feliz. Quizás mañana ya no lo sienta, o quizás sea la resaca del ayer lo que me haga decir esto. Pero lo voy a intentar. Qué digo, lo voy a conseguir. Voy a saborear cada vez que respire, disfrutaré de cada palpitar de mi corazón. Seré fuerte y levantaré la mano y saludaré a todos mis compañeros de celda (a los que llamamos penas). La luz que me lamerá la piel entrará por ventanas, no podré dar un paseo más allá de mi pasillo. Es blanco y limpio, y lo poco que podré ver. Pero siempre habrá una mano para ayudarme a terminar mi pequeño recorrido, no estoy tan sola como me veo. Comeré con ganas, miraré con alegría lo que me espera. Lucharé ante todo, no van a poder conmigo. Sé que he perdido, pero eso no me quita mi derecho a sentirme vencedora.  No volveré a dejarme llevar por esos fármacos. Intentaré correr, aunque no pueda. Por muy pegadas que estén mis sábanas voy a levantarme. Me da igual que mi destino esté pre-escrito, siempre puedo buscar un final alternativo. 

jueves, 8 de enero de 2015

Carta a una extraña.



Actuando siempre como reconocidos desconocidos, creyendo saber en qué momento podría dibujarte las alas. Y es que me pensaba dueña de todo lo tuyo, de todo lo que tu mente había creído pensar en el momento en el que nuestras miradas se encontraban. Pero eras tú, tan extraña, la que se había adueñado de mí. Eras tú la que dibujaba lágrimas en mi rostro y hacía que mi mirada pareciese perdida, ida. 
Aun recuerdo la cantidad de veces que me engañabas, la cantidad de veces que el peso parecía una broma. Nunca era suficiente; nada lo era. Te reías de mí, pero tú también estabas pálida y nunca guapa
Deshacerme de todo lo que ingería parecía haberse convertido en rutina y yo parecía haberme convertido en esclava, que no sólo de ella, sino también de ti. 

Hoy he decidido escribirte esta carta para que sepas que me dejé ayudar, que entre todos me enseñaron a hacerte trizas, a dejar tus cristales rotos en el suelo. Y es que , querida imagen del espejo, nunca fuiste yo, nunca trataste de ayudarme ni nunca me mostraste la verdad. Por eso hoy, he decidido acabar con los patrones por fin, ser yo de nuevo y regalarle sonrisas a la imagen que me devuelve el agua del vaso. Porque se acabó, no quiero volverte a ver. Hoy, he decidido ser feliz.




viernes, 19 de diciembre de 2014

Sin ser tan fácil. Siendo tan rápido.


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Hay quien habla de adicciones pasadas 
hay quien habla de pasados adictivos.

Este cigarro también ha caído, como los demás, se está consumiendo. He aspirado tan fuerte cada calada que, sin apenas notarlo, se hace ceniza cada vez más rápido. Pero me doy cuenta, tal vez demasiado tarde, porque ya ha penetrado en mis pulmones, porque ya se me ha escapado de las manos, porque, casi involuntariamente, dejo que mi pie baile sobre él. Y ya está. Se acabó. Se junta con el resto de colillas del suelo. Lo pierdo. Ignoro cuál era el mío. Desconocidos.
Así de fácil. Así de rápido. Así como nosotros.
Nos estamos enfriando, nos estamos dejando. Aunque aún sigue tu gusto paseando por mis pulmones. Intuyo que el mío también deambula por los tuyos. O tal vez ya me hayas exhalado.
Nosotros también hemos caído, nos hemos consumido. Ambos lo sabemos. No sé si mi olvido ha bailado sobre ti o ha sido el tuyo el que ha bailado sobre mí. Quizás los dos nos hemos bailado. Nos hemos abandonado entre el resto de personas. Nos hemos perdido. Desconocidos.

Así de fácil parece. Así de rápido ha sido.
Lo he dejado. Una adicción menos. Me creo fuerte. Me reblandezco. Busco entre los ceniceros restos que poder volver a usar. Como quien no pude vivir sin él. Recojo las cenizas del suelo intentando juntarlas. Pero se vuelan. Se van. 
Así de fácil. Así de rápido. He recaído, como contigo.
Te olvidé. Me creí fuerte. Te desolvidé y quise hacerme fuerte. Busqué tu sabor en restos de otras bocas. Como quien no puede vivir sin ti. Intento reconstruirte en recuerdos. Pero se vuelan. Te vas.
Así nos terminamos. Como quien tira una colilla. Como nuestros olvidos bailando. Con recaídas, tal vez sólo mías, tal vez nuestras. Creyéndonos fuertes. Actuando siempre como reconocidos desconocidos.